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Salud sólo atiende a 1 de cada 10 jóvenes con problemas de adicción en Puebla

Samantha Páez

@samantras

El dolor físico era insoportable, tenía calambres en el cuerpo, los riñones le punzaban, vomitaba y la diarrea no le daba tregua, la boca y las manos se le contraían de forma involuntaria. Tampoco podía dormir ni sostenerse por su propio pie, la temperatura corporal le cambiaba en segundos y la ansiedad le carcomía la piel. Era el síndrome de abstinencia a la heroína.

Jorge Silva empezó a consumir drogar a los 11 años, cuando entró al centro de rehabilitación llevaba 14 años adicto. Él mismo cuenta que hizo de todo para obtener la droga: robar y atacar personas en la calle, mentir y golpear a su familia. Estuvo en la cárcel dos años.

En Puebla hay 157 mil 519 jóvenes de 13 a 19 años con un consumo problemático de alcohol, drogas o cigarro, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes (Encode) 2014. Las instituciones de Salud sólo pueden atender al 10%.

Jóvenes en riesgo

De acuerdo con la Encode 2014 la adicción principal de los jóvenes poblanos es el alcohol, se calcula que 86 mil 936 personas de nivel secundaria y bachillerato tienen un consumo problemático. En tanto que 37 mil 875 estudiantes fuma diariamente 2.5 cigarros y otros 32 mil 708 requieren apoyo o tratamiento debido a su consumo de drogas. En el caso de los estupefacientes, el principal grupo de riesgo es de 15 a 18 años.

Esto significa que uno de cada cuatro jóvenes poblanos de entre 13 a 19 años padece alguna o varias adicciones.

La bebida alcohólica preferida es la cerveza, después los destilados y posteriormente las bebidas preparadas de lata. En cuanto a estupefacientes 9.5% probó alguna vez la mariguana; 3.3%, la cocaína; 1.7%, el crack; 1.7%, los alucinógenos (hongos, peyote o ayahuasca); 5.4% probó inhalantes; 3.1%, las metanfetaminas, y 0.75% la heroína.

Datos de la Secretaría de Salud –según la solicitud de información 0001200121516- de 2013 difieren, pues indican que desde ése año la mariguana supera al tabaco como segunda droga de consumo en Puebla, es decir, que la prevalencia de drogas entre las personas atendidas en los Centros de Atención Primaria en Adicciones (CAPAS) es, en este orden: alcohol, mariguana, tabaco, inhalables, cocaína y metanfetaminas.

Las noches que no podía dormir, esas noches que le punzaban los riñones, les decía a sus compañeros que lo dejaran salir, que no valía la pena ayudarlo, porque en cuanto saliera se volvería a drogar.

José Antonio Vicuña García, director del Centro de Integración Juvenil (CIJ) Puebla, dijo durante entrevista para LADO B que los tres grupos de edad donde el consumo de drogas legales e ilegales tienen más impacto son: 15 a 19 años; 20 a 24 años, y 10 a 14 años.

Esta disminución de la edad al inicio del consumo preocupa a Vicuña García, pues sostiene que si desde los 9 años se experimenta con alcohol y tabaco se corre el riesgo de que a los 15 años se pase a la mariguana, cocaína o inhalantes y después a las drogas duras, como la heroína.

No es coincidencia que 4 de cada 5 de las personas atendidas en los CAPAS tengan de 12 a 17 años, según contestó la Secretaría de Salud estatal a la solicitud de información folio 00130816.

Para Silva las drogas más fuertes, las más difíciles de superar, son la cocaína y la heroína. Si bien él superó su adicción de 14 años –después de que un amigo le rogara varios meses para entrar al grupo de Drogadicto Anónimos, el síndrome de abstinencia fue muy duro: además de los malestares físicos, no podía dormir, le daban ataques de ansiedad. Jorge no se podía sostener por sí mismo, sus compañeros lo tenían que bañar sentado en una silla para que no se cayera.

Las noches que no podía dormir, esas noches que le punzaban los riñones, les decía a sus compañeros que lo dejaran salir, que no valía la pena ayudarlo, porque en cuanto saliera se volvería a drogar.

El estudio “No Health, No Help”, de Open Society Foundations, establece que algunas personas adictas en México se han suicidado debido a que no toleran el síndrome de abstinencia.

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez
Pocas opciones

Jorge entró a rehabilitación el 4 de enero de 1999 en el centro de Drogadictos Anónimos “La Misión”, en Uruapan, Michoacán. En ese momento ninguna dependencia regulaba los centro de rehabilitación, no había médico que los evaluara, ni tenían talleres equipados. Fueron sus compañeros, con base en su experiencia personal, quienes lo orientaron.

Actualmente las asociaciones son reguladas por las secretarías de Salud federal o estatal, de tal forma que cumplan con la Norma Mexicana NOM-028-SSA2-2009, referente a la prevención, tratamiento y control de las adicciones. Entre los requisitos que deben cubrir están el certificado médico de cada paciente al momento de su ingreso, contar con programa de Protección Civil y que el programa de rehabilitación sea fijado por especialistas.

En respuesta a la solicitud de información 0001200377116, Salud federal dijo que para 2015 sólo siete organizaciones están avaladas en Puebla. Por su parte Salud estatal señaló –en respuesta a la solicitud de información folio 00605016- que de 2011 a la fecha existen 43 asociaciones registradas en el Censo de la Dirección de Protección contra Riesgos Sanitarios.

En el sector público están los doce CAPAS -que opera con recursos del gobierno federal pero son administrados por el estado-, además el Centro de Integración Juvenil –organismo sectorizado a la Secretaría de Salud federal- y la Clínica de Desintoxicación y Rehabilitación para Adicciones, que maneja el gobierno estatal.

Es decir, en toda la entidad hay 14 clínicas públicas para el tratamiento de adicciones y 50 asociaciones civiles que brindan el servicio conforme la NOM-028-SSA2-2009.

Para poder rehabilitar a los 157 mil 519 jóvenes poblanos que tienen problemas con el alcohol, estupefacientes o tabaco se necesitaría que cada centro particular y público tratara a 2 mil 461 personas al año, pero no sólo eso, sino que todos los pacientes en verdad se rehabilitaran.

Sin embargo los CAPAS atendieron de 2011 a febrero de 2016 a 13 mil 488 personas –sólo un 8.5% de la demanda de jóvenes-, la Clínica de Desintoxicación y Rehabilitación para Adicciones tuvo 767 pacientes de 2011 a mediados de 2016 y el CIJ atiende en promedio de 400 a 500 usuarios de nuevo ingreso cada año.

Esto significa que las instituciones de gobierno tienen capacidad para atender sólo a uno de diez jóvenes con problemas de adicciones.

La Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (Ecopred) 2014, que elaboró el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), indica que la mitad de los jóvenes poblanos de 12 a 29 años tiene problemas familiares. Además el 12% ha sufrido alguna clase de violencia al interior del hogar, uno de cada cinco tiene amigos involucrados en asuntos de drogas ilegales y uno de cada tres cuenta con amistades con un entorno delictivo.

Situación familiar afecta

Las causas de las adicciones, sobre todo en menores, son variadas. José Antonio Vicuña mencionó algunas, como la genética –si hubo adicciones por parte de familiares -, las condiciones del embarazo que se transmiten al feto –su hubo estrés, desnutrición o enfermedades-, y el sicosocial –que tiene que ver con el ambiente familiar, la violencia en el entorno, la migración, el abuso sexual y la pobreza.

Para Moisés Dueñas, de Drogadictos Anónimos AC, el principal factor que genera el abuso de sustancias es la familia, principalmente la falta de una figura paterna o la ausencia de ambos padres por cuestiones laborales. El sicólogo explicó que desde su experiencia no existe una educación efectiva en el ámbito familiar, ni se inculcan valores a los jóvenes.

El Instituto Nacional de Abuso de Drogas en Estados Unidos asegura no hay un solo factor que determine si una persona se volverá adicta o no, pero en cuanto más factores de riesgo tenga una persona hay mayor probabilidad de que caiga en un consumo problemático.

Los factores de riesgo que plantea el instituto son: comportamiento agresivo en la infancia, falta de supervisión de los padres o familiares, habilidades sociales deficientes, experimentación con las drogas a temprana edad, disponibilidad de drogas en la escuela, pobreza en la comunidad, fracaso escolar, comportamientos criminales de personas cercanas y trastornos mentales.

La Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (Ecopred) 2014, que elaboró el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), indica que la mitad de los jóvenes poblanos de 12 a 29 años tiene problemas familiares. Además el 12% ha sufrido alguna clase de violencia al interior del hogar, uno de cada cinco tiene amigos involucrados en asuntos de drogas ilegales y uno de cada tres cuenta con amistades con un entorno delictivo.

Jorge dice que él no pudo superar la separación de sus padres, no entendía por qué no podía estar con ellos, por eso desde los once años experimentó con las drogas. A su familia lo único que se le ocurrió fue meterlo a estudiar a los 17 años en la escuela militar, donde encontró drogas aún más fuertes de las que consumía.

Cuando ingresó a rehabilitación la relación con su familia estaba muy deteriorada por las mentiras que dijo, por las cosas que robó y por las agresiones. Su familia ya no quiso saber de él. Fueron desconocidos quienes lo ayudaron en el centro de Drogadictos Anónimos, no sólo lo bañaron, no lo dejaban ni un instante, lo mantenían ocupado con los talleres y con las terapias grupales e individuales.

Empezó a dormir y a preocuparse por otras personas, tanto como sus compañeros se preocuparon por él. Jorge se involucró cada vez más con la organización, los meses se fueron rápido y al año de entrar le ofrecieron apoyo para que estudiara. En ese tiempo supo que si su vida había sido un fracaso, aún estaba a tiempo de cambiar su rumbo: estudió Derecho.

Jorge lleva 18 años en Drogadictos Anónimos, en ese tiempo ha dirigido grupos en México y Acapulco, Guerrero. Hace un par de años le ofrecieron ser el responsable de un nuevo centro en la ciudad de Puebla, el grupo “Encuentro” II, que está en la colonia Playa del Sur. Recientemente terminó un diplomado en Consejería en Adicciones y tiene planes de seguir ayudando.

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