El secreto de sus ojos, esa gran pasión llamada amor

El secreto de sus ojos, esa gran pasión llamada amor

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Alejandro Cortés*

Si quisiéramos caracterizar al cine latinoamericano de la década pasada, basados en películas que hayan logrado el reconocimiento de la crítica especializada y los galardones de los festivales de cine podríamos pensar un cintas como Amores Perros (Alejandro González Iñarritú, 2000) con la que abrió el siglo, o Ciudad de Dios (Fernando Meirelles y Kátia Lund, 2003), pero no son las únicas. De manera más discreta, al menos en nuestro país, también podemos ubicar en ese grupo a El Secreto de sus ojos, adaptación de la novela “La pregunta de sus ojos” de Eduardo Sacheri, Dirigida por Juan José Campanella y protagonizada por Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, Javier Godino y Pablo Rago.

La película trata acerca de Benjamín Espósito (Ricardo Darín), un retirado agente judicial de Buenos Aires que al verse enfrentado a una vida en la cual ya no tiene que hacer, decide escribir una novela acerca del asesinato Liliana Colotto de Morales (Carla Quevedo) caso que resolvió 25 años antes. A partir de aquí la película es una mezcla del presente de Benjamín, de los recuerdo de la investigación del asesinato y en general de su pasado; de su relación con su compañero de trabajo con problemas de alcoholismo, Pablo Sandoval (Guillermo Francella); con el esposo de la asesinada, Ricardo Morales (Pablo Rago); y con su, en ese entonces, nueva jefa y asistente del doctor Fortuna (Mario Alarcón) Irene Menéndez-Hastings (Soledad Villamil).

Así, el filme que ganó el Oscar a mejor película de habla no inglesa en el 2010 frente a films como La cinta blanca (Michael Haneke, 2009) o Un profeta (Jacques Audiard, 2009), es más que un policial, como pareciera a primera vista. Campanella rompe rápido con esta primera concepción. Y desde el inicio nos ofrece con un flashback lleno de sombras, difuso, un retrato de una historia de amor: la imagen de una mujer que se va perdiendo mientras un tren avanza. Y ya está, la trama policial es usada de pretexto para explorar, el amor, las pasiones del ser humano y, claro, un pasado ineludible, y que tal vez quisiéramos borrar.

Esta no es primera película en la cual se plantea la mala idea que tratar de olvidar nuestro pasado, en Eternal sunshine of the spotless mind (2004) Michel Gondry nos deja en claro que tratar de eludir nuestro pasado es mentirnos a nosotros mismos, y el querer borrar el pasado es borrarnos a nosotros mismos.

La mayor virtud de El secreto de sus ojos son sus personajes, no podría ser de otra forma en una película que explora las pasiones de las personas. El director, haciendo honor al título de la película y al viejo dicho de que “los ojos son la ventana del alma”, nos narra casi toda la historia a través de primeros y medios planos.

Pero Campanella no es Gondry, y el argentino nos lleva por un recorrido por los recuerdos de Benjamín sin tanto onirismo, un pasado visto a través de un filtro retro, con una fotografía (cortesía de Felix Monti) de tonos amarillos y marrones, como si el pasado fuera una hoja de un libro viejo, mientras que el presente está fotografiado con colores neutros, más apegados a la realidad.

Aunque la mayor virtud de El secreto de sus ojos son sus personajes, no podría ser de otra forma en una película que explora las pasiones de las personas. El director, haciendo honor al título de la película y al viejo dicho de que “los ojos son la ventana del alma”, nos narra casi toda la historia a través de primeros y medios planos. Son pocos los planos generales, y cuando los usa impactan como el plano secuencia que se desarrolla en el estadio Thomás Adolfo Ducó, pero después regresar al primer plano. Con esto Campanella nos acerca a los personajes, a sus emociones, hace que empaticemos con ellos y crea una atmósfera intimista sostenida por las actuaciones de todo el reparto, aunque destaca la actuación de Ricardo Darín y Soledad Villamil quienes cargan el mayor peso de la película; sus interpretaciones están cargadas de fuerza. También es de reconocerse la actuación de Pablo Rago en la piel de Ricardo, el esposo, un personaje lleno de pasión, que logra una representación de la ira y el amor entrañable. Actuaciones que ayudan a llevar al espectador a través de diferentes emociones, es un viaje fluido a través de la nostalgia, el amor, la ira, el suspenso, con ligeros momentos de comedia como contrapunto a la carga dramática de la película, lo que crea un balance que atrapa al lector.

La trama, esa historia que borda sobre lo policiaco y la memoria, ahonda en las pasiones que mueven a cada ser humano, en este caso la protagonista es el amor. La trama policial termina en un segundo plano, con una resolución simple, que incluso llega a parecer una casualidad, lo que para algunos puede llegar a ser poco creíble, pero que en realidad poco afecta a la historia pues el objetivo no es la captura del asesino.

La película se centran en las varias historias de amor, narrada con atención y con mucho cuidado a los detalles. Los temas recurrentes de la obra de Campanella reaparecen en este film potencializados por una historia tan nostálgica, y explorados con mayor profundidad que en trabajos anteriores. Vemos los extremos a los cuales puede llegar alguien enamorado, como el esperar un día tras otro en estaciones de tren, y cómo ese gran sentimiento que nos hace humanos no desaparece, y lo único que queda es aceptar la pérdida o quedarse atado al pasado.

La esencia de la película puede ser resumida en un dialogo, una frase que suelta Pablo: “Ese tipo puede cambiar de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín, no puede cambiar de pasión”. Ahí está el eje central de la película, se puede cambiar todo menos la pasión, como tampoco se puede cambiar el pasado, y día con día seguimos escuchando su eco, tal vez por eso el director nos muestra a Irene cerrando puertas, una máquina de escribir que perdura guardada en el juzgado penal, una palabra escrita repentinamente en la madrugada o el cómo aún le llaman doctor a Benjamín.

Si bien el secreto de sus ojos tiene múltiples y variadas virtudes también tiene sus detalles que pueden deteriorar a la película, como el maquillaje de los actores y la música; el primero nos hace ver cierta escenas demasiado irreales, hace que por unos momentos uno se sienta distante de los actores; la música es usada de una manera excesiva para acentuar las emociones a lo largo de la película, pero esto llega a sentirse forzado, afortunadamente también encontramos escenas en las que reina el silencio, y en las que las miradas de los personajes y la narrativa de Campanella transmite las emociones de una manera mucho más natural.

*Este trabajo resultó ganador del concurso de Crítica Universitaria Sándwich 2016  organizado por Cine Club Sándwich.

El secreto de sus ojos es una película que atrapa desde el principio, una historia de amor entrañable que nos recuerda la grandeza del sentimiento, motor de un sinfín de obras artística, y si, hasta guerras. Una historia que conmueve a cualquier persona que haya sentido la distancia del ser amado, y a la vez es una melancólica reflexión sobre nuestro el pasado que ya no podemos cambiar. Nos invita a reflexionar sobre el amor como una de las cosas más sorprendentes de la vida, como diría John Lennon: “there are two basic motivating forces: fear and love”.

FICHA TÉCNICA
Título original: El secreto de sus ojos
Director: Juan José Campanella
Año: 2009
Duración: 126 min.
País: Argentina

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