El día que Mauricio mató a Gina

El día que Mauricio mató a Gina

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez
Samantha Páez

@samantras

El día que Mauricio la mató, Gina se levantó temprano, se puso un pantalón de mezclilla azul, una blusa y unos tenis negros, dejó suelto su cabello negro y largo. A las 6:30 en punto, como siempre, pasó por su hija Jennifer de 13 años a casa de su madre, separada de la suya sólo por un patio pequeño. La fue a dejar a la Secundaria Técnica 98, a tres calles de su casa, en la junta auxiliar de San Jerónimo Caleras, Puebla.

De ahí se fue a firmar la boleta de calificaciones de su hijo Jorge, de 17 años, al Benemérito Instituto Normal del Estado, conocido como BINE a secas. Pasó al supermercado a comprar bolillos –le gustaban mucho- y una sandía. Regresó a casa antes de las diez de la mañana. Cuando Sonia, su mamá, la fue a ver para decirle que esperara a Jennifer porque en la tarde no habría quién le abriera, Gina estaba a punto de desayunar y le respondió que pasaría por ella a la escuela.

En algún momento de esa mañana del 23 de junio de 2016 Jennifer -que siempre fue muy pegada a Gina y hasta cierto punto celosa- le habló por teléfono pero no le contestó. A la hora del descanso -a eso de las once de la mañana-, Gina pasó a verla a la secundaria. Iba acompañada de Mauricio aunque tenía un mes de haber terminado su relación con él y ya ni quería contestar sus llamadas. Jennifer le dijo a su mamá que no quería nada en especial, sólo verla. Georgina le prometió pasar por ella a la hora de la salida. Mauricio se rio. Esa promesa no fue cumplida.

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San Jerónimo Caleras es un pueblo dentro de la capital poblana. De forma oficial se le llama junta auxiliar y de forma estructural es un órgano desconcentrado del gobierno municipal, por lo que no tiene autonomía en nada de nada. San Jerónimo está a un costado de la autopista México-Puebla, tiene un pequeño zocalito con quiosco y una iglesia pintada de color beige.   

La casa de Gina está más adentro, justo donde los condominios y fraccionamientos empiezan a treparse a los cerros. En la calle principal hay una plaza comercial con cine, varios restaurantes pequeños, un súpermercado y una cafetería. En esa zona no son raras las calles de terracería, los amplios terrenos baldíos y los baches enormes.

Habitan allí 73 mil 771 poblanos, casi todos saben leer y escribir –sólo mil 216 son analfabetas-, casi todos tiene drenaje y agua, todos cuentan con energía eléctrica aunque en algunas calles no hay alumbrado público.

Así como no son raras las calles de tierra y los terrenos llenos de hierba, tampoco son raros los feminicidios. El 30 de noviembre de 2013, María Fernanda, de 14 años, apareció muerta en un predio de la colonia El Riego Sur, estaba semidesnuda y presentaba señas de violencia sexual.

Una vecina cuenta que tan sólo el pasado 2 de noviembre un hombre aventó a su pareja embarazada a un pozo después de una discusión. La mujer no murió pero estuvo 12 horas sin poder salir, Protección Civil Municipal la rescató la mañana siguiente. Algunas notas periodísticas dicen que se cayó de forma accidental. La señora que vive al lado del pozo dice que la oyó gritar toda la noche, pensó que era alguna de las prostitutas que llegan a aventar a ese terreno en las madrugadas.

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María Georgina Panohaya Castillo nació en 1978 en la ciudad de Puebla y fue la mayor de tres hijos. Su familia llegó a vivir a San Jerónimo Caleras cuando ella tenía ocho años.

A Gina no le gustaban las fotos. Sólo de pequeña pudieron tomarle algunas junto a su primer pastel de cumpleaños o vestida de blanco con un sombrero de ala ancha para su bautizo, tenía como cinco años. En las siguientes fotos aparece siempre con una mano tapándose la boca y de adolescente optó por poner cara de pocos amigos, aunque en realidad era muy risueña y bromista.

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

Poco antes de cumplir 15 años su padre murió, por eso no tuvo una fiesta grande como se acostumbra, su mamá sólo le hizo una comida y ella pudo lucir un vestido color claro con unos aretes que le colgaban hasta el cuello.

Tenía muchas amigas. Se caracterizaba por sonreír y echar relajo, también le gustaba el baile. Su mamá siempre le daba permiso de ir a las fiestas porque confiaba en ella.

Terminó de estudiar la carrera técnica en Contaduría a los 20 años y en esa foto, donde recoge su diploma, sonríe.

Era una mujer atractiva: alta, labios voluptuosos, cabello largo ondulado, piernas anchas y cintura breve. Tuvo pocos novios. A los 19 años conoció al que sería su esposo. Se casaron por lo civil cuando estaba embarazada, vivieron juntos dos años y luego él se fue a trabajar a Estados Unidos. Regresó cuando Jorge tenía cinco años, llegó el segundo embarazo y él se fue otra vez.

En todo ese tiempo Gina sospechaba que su esposo ya tenía otra familia, cuando sus hijos le hablaban por teléfono siempre contestaba una señora. Él regresó de forma definitiva cuando Jenny tenía once años pero al final se separaron porque a Gina le molestaba que regañara a sus hijos cuando apenas los conocía.

Ella siguió por su cuenta.

Para Georgina nada era complicado. Si su marido no le mandaba dinero de Estados Unidos, se iba a ayudar a su suegra a vender cemitas, recibía 100 pesos diarios. Luego vendió cemitas por su cuenta, pero como era muy buena para las ventas optó por ofrecer cuanto producto de catálogo hubiera. En todos lados la recibían y en todos lados vendía.

Pasaba buena parte de su día fuera de su casa y los fines de semana le gustaba hacer antojitos para sus hijos y quedarse con ellos a ver la televisión. Su especialidad eran los molotes de tinga y las hamburguesas con piña.

Cuando Jorge entró a la secundaria y el corte de cabello de “casquete corto” era obligatorio, a Gina se le ocurrió aprender a cortar el pelo para no estar pagando a cada rato de 35 a 40 pesos en la peluquería. Empezó a tomar clases cerca de la presidencia de San Jerónimo y después de tres años ya sabía hacer bases, manicure, pedicure y poner uñas de acrílico.

Su sueño era tener una estética en su casa y enseñarle un poco a Jennifer para que la ayudara, en eso estaba cuando Mauricio se atravesó en su vida.

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Fue en abril cuando Georgina conoció a Mauricio. Él era muy celoso y posesivo. Le llamaba muchas veces al día -84 llamadas en el último mes según la compañía de teléfono de Mauricio. Gina le dijo a su primo Javier que no podía escribirle porque Mauricio se enojaba. También le contó que algunas veces él le alzaba la voz. Un día Javier vio a Mauricio jaloneando a su prima en la calle, redujo la velocidad del coche y se los quedó viendo, Gina volteó y le hizo señas de que le llamaría luego.

Mauricio tiene 32 años, es oriundo de Tlatlauquitepec, vivía en San Jerónimo desde diciembre del 2015 y estudiaba la preparatoria abierta. Algunas personas lo califican de amable, buen trabajador y muy solitario.

Dos meses duró la relación, Gina les dijo a sus hijos que Mauricio la maltrató y que no quería verlo más. Jorge descubrió que su madre tenía algunos moretones en la espalda. Un día Jennifer entró a la casa y los encontró discutiendo, al momento de verla se quedaron en silencio, al salir alcanzó a escuchó que Mauricio le advertía a Gina que no lo volviera a hacer.

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

Mauricio tiene antecedentes de violencia en Estados Unidos. La ficha que aparece en el portal Megans Law de California, un sitio establecido por el departamento de Justicia en 1996 para hacer público el registro de abusadores sexuales, indica que el delito Mauricio se encuentra en el código 288.5 (a), cuya descripción es: “continuo abuso sexual de menores de 14 años”, la pena que alcanzaría es de seis a 16 años de cárcel.

Desde el rompimiento Gina estaba preocupada, le llamaba a Jorge unas diez veces en las mañanas para ver si estaba bien. Le dijo a Jennifer que no se acercara a Mauricio si lo veía en la calle. Él la seguía buscando. Una vez entró a su casa por la fuerza, empujó la puerta cuando Jorge le abrió y Sonia salió a preguntar qué pasaba, Mauricio se fue. A Gina le llegaron mensajes amenazantes, Mauricio la llamaba puta, le decía que no tuviera miedo de los madrazos y que si la volvía a ver le partía su madre.

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A la una de la tarde del día que mató a Gina, Mauricio pasó a despedirse de la señora del puesto de tortas que está frente a Condominios Del Valle -sobre Camino Real a San Jerónimo-, donde trabajaba desde diciembre de 2015. Aunque su hora de salida era a las cinco de la tarde, la señora sólo le deseó un bonito día y le dijo que se cuidara.

Poco más tarde Mauricio llegó a casa de su hermano Juan, también en San Jerónimo Caleras, dejó allí unas llaves y pidió que se las entregaran al administrador de los Condominios. Estaba un poco nervioso. No le dijo a su sobrino, pero esas llaves abrían el cuartito de dos por tres metros que hacía de caseta de vigilancia y bodega de triques de los edificios.

El día que Mauricio mató a Gina la señora Sonia llegó a las tres de la tarde a su casa y encontró a Jennifer acostada en el sillón. Estaba un poco triste. Le preguntó por su mamá y Jenny dijo que no había ido por ella. La mamá de Gina cruzó el patio y entró a la casa de su hija, encontró a Jorge comiendo un guisado de chile pasilla, le preguntó por su mamá y él respondió que no la había visto.

Nadie en su familia la volvería a ver con vida.

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La autopsia de Gina dice que murió por un traumatismo craneoencefálico y traumatismo raquimedular cervical, lo que significa que uno o varios golpes fuertes le quebraron el cráneo y la columna vertebral. Si se pone en cualquier buscador de internet trumatismo craneoencefálico junto con traumatismo raquimedular cervical, aparecerán imágenes de accidentes de tránsito o de alguien cayendo de cabeza o de alguien siendo azotado en el piso.

Su cuerpo fue encontrado por el administrador de los Condominios el sábado 25 a las ocho de la mañana.

En el expediente se clasificó el asesinato de Gina como homicidio, no como feminicidio, aunque en el caso podrían encuadrarse al menos cuatro de las nueve causales de feminicidio: celos extremos, antecedentes de violencia en la relación de pareja, perfidia o abuso de confianza y las amenazas previas.

Mauricio ni siquiera ha sido arrestado.

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Dos días después de que Mauricio mató a Gina, el sábado 25 de junio por la mañana, Jorge se animó por fin a decirle a su abuela que su mamá no aparecía. La señora Sonia se molestó, además, porque la estuvo buscando sin decirle nada.

Ya tenían las hojas con la fotografía de Gina y sus datos para llevarlos a la Fiscalía, cuando a Jorge se le ocurrió que Mauricio podría saber de ella. La señora Sonia, Jorge, Jennifer y Alejandro, una ex pareja de Gina que se había sumado a la búsqueda, llegaron a eso de las once de la mañana a los Condominios del Valle –un bloque gris de 48 departamentos, con una sola entrada. Afuera había varias personas amontonadas, la reja eléctrica estaba abierta.

Sonia entró preguntando por Mauricio. El administrador quiso saber si lo conocía. Le explicó que en realidad buscaba a su hija. Cuando el administrador le preguntó cómo era Gina porque habían encontrado una muchacha muerta, Sonia sintió un dolor muy fuerte en el pecho y le dio las características de su hija. El administrador intecambio miradas con los forenses y dijo que era ella.

Los cuatro lloraron. Fue como si les hubieran anunciado su propia muerte.

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