Lizbeth Hernández | Kaja Negra

Es de noche. Las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México están ocupadas por paseantes y gente que termina su jornada de trabajo, o que la inicia. En un escenario instalado en la Plaza de la Constitución hay un show musical, y ahí, entre ese ambiente que combina celebración y horas cotidianas, estalla un grito: «¡Ni una más, ni una asesinada más!».

El grito nace en las gargantas de jóvenes, adultas, niñas, vestidas y maquilladas como catrinas quienes decidieron marchar este 1 de noviembre rumbo al Hemiciclo a Juárez para exigir alto a los feminicidios, a la violencia machista que se vive en México: «Saldremos de las fosas, los canales, los ríos, los tiraderos, las maletas… Nos quitaremos las bolsas negras de basura en las que fuimos emplasticadas después de que nos mataron y tomaremos LA VIDA QUE NOS QUITARON», decía el mensaje de la convocatoria que circuló en Facebook.

Las manifestantes que iniciaron el recorrido afuera de la Catedral se reorganizan al caminar sobre la calle 5 de Mayo: es una marcha separatista, la convocatoria se dirigió a mujeres, insisten y piden se respete esa decisión. El contingente avanza lento, se abre paso entre los curiosos, las personas disfrazadas, los transeúntes y la prensa. A su costado izquierdo se incorpora una valla de policías de tránsito, que les sigue hacia el punto de cierre. Las manifestantes también arman una valla y se toman de las manos. «¡Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente!», suena una y otra vez. Una lluvia ligera cae poco antes de que las catrinas lleguen al Hemiciclo a Juárez. Su marcha sigue su ritmo. Su tono.

Al llegar al Hemiciclo, las catrinas se apropian de ese espacio, gritan, se abrazan. «¿Dónde están, dónde están, nuestras desaparecidas dónde están?», se escucha. Se reivindican las voces de lesbianas, se reclama justicia para las mujeres trans que han sido asesinadas en semanas recientes. Hacen un breve mitin: «Venimos en nombre de nuestras hermanas, las asesinadas, que no son las muertas, son las que los hombres, asesinan, violan y destrozan […] No somos pocas, esto no es un caso de manzanas podridas, el feminicidio es a nivel nacional y latinoamericano», dicen.

Las mujeres son conscientes de que una manifestación de este tipo no resuelve el problema que enfrentan — y que motivó a que marchas similares se realizaran en otros puntos del país — , pero saben también que es un mecanismo de visibilización.

Tras el mitin un grupo de ellas monta una pequeña ofrenda dedicada a las asesinadas. Las catrinas poco a poco se alejan de este lugar. Paseantes y personas que piden calaverita o gastan bromas se acercan, algunos leen los mensajes: «El machismo mata».

Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández
Foto: Lizbeth Hernández

NO COMMENTS

Leave a Reply