Un monstruo sonoro en The Neon Demon

Un monstruo sonoro en The Neon Demon

Diana Gómez

@dianaegomez

Aunque la religión y hasta el ocultismo nos han explicado hasta el cansancio que un demonio es esa figura sobrenatural y malévola, los griegos y otras culturas han dejado en claro que el termino está recargado de espiritualidad, en la que tienen cabida personas con un conocimiento muy elevado y con un gusto exquisito por ciertas artes.

Después de ver y escuchar The Neon Demon, la última más reciente del danés, Nicolas Winding Refn, ese último significado se fortalece. La película aborda el terror de una sociedad plástica, tomando como objeto de estudio la industria del modelaje en Los Ángeles.

¿Y quién podría crear el soundtrack correcto a esa historia tan estética como terrorífica? La respuesta la encontramos en Cliff Martínez, quien se encargo de armar un score que se parece a una montaña rusa inquietante: que gusta tanto como perturba, y que nos hace creer que el demonio escucha trance y que se revuelve entre sangre y consolas.

El filme, uno de los más esperados en este año, tuvo un mal recibiendo en Cannes y una crítica segmentada que por un lado acusaba al director de pretencioso, que celebraba su capacidad de llevar a buen puerto historias llenas de caos. Más allá de las dos posturas, lo cierto es que el filme se bebe como un buen vino, y una parte importante del perfume que se mete a las fosas nasales al acercar la copa a la cara es su soundtrack.

Martínez hizo una tarea obvia con los sonidos, porque si hablamos de neón la lógica nos exige cierta hipnosis, recargada de trance y música electrónica. Pero es importante señalar que no es una película que en su sonoridad contenga lisergia.

Aunque todo sea tan luminoso y desconcertante, no se cubre con esa capa psicodélica que evade realidades. De hecho el soundtrack de The Neon Demon es como estar bajo una piscina que te permite ver cada detalle de nuestros demonios internos.

Nicolas Winding en 2011 confesó que era dáltonico, por lo que no puede distinguir los tonos y colores intermedios, así que ante esta debilidad, el alto contraste se convirtió en una de sus más notables fortalezas.

Este dato es también un ángulo que explota en todo su trabajo, y que entiende muy bien  Cliff Martínez para enriquecer la película en su estridencia. Y hay que ser claros, la película sin ese soundtrack sería algo bueno, más no el trabajo demente y trastornado que se despliega en pantalla.

Otra pregunta que asalta tras la experiencia cinematográfica es, ¿cómo puedes sonorizar el desequilibrio? Martínez comprendió que tenía que hacer el mismo ejercicio de Winding con su debilidad visual, por lo que su selección está acondicionada a figuras perfectas musicales, lo que nos hace sentirnos infinitos y vibrantes desde la butaca.

El autor de los soundtracks de Winding, es el mismo que lo ha acompañado en sus dos películas anteriores: Drive de 2012 y Only God Forgives de 2013, por lo que para Martínez The Neon Demon es un hermano más fluorescente que los anteriores, aunque tal vez más peligroso y arriesgado.

La película, está basada en cuentos de hadas los hermanos Gimm con pinceladas de Jodoroswsky, y lleva de protagonista a una Elle Fanning transformada en un inocente aspirante a top model que termina transformada en un demonio de vanidad, claro, completamente brillante.

Un personaje que contrapone su embrujadora belleza natural, al artificio del bisturí y a la maldad a ratos muda, y que entorpece la armonía de hienas en la moda.

The Neon Demon es un bello producción cinematográfica potenciada por la música que a pocos dejará indiferentes, y que nos demuestran que la estética sonora y visual puede ser terrorífica y luminosa.

La película continúa en cartelera en Puebla, justo en sus últimos días. Vale la pena verla sin esperar nada. El único requisito es dejarse llevar por el río de sus luces y sonidos, lejos de prejuicios y miedos que podrían entorpecer el objetivo del filme.

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