El arte contemporáneo en Puebla: del Luxury Hall al Festival 5 de...

El arte contemporáneo en Puebla: del Luxury Hall al Festival 5 de Mayo

El crítico de arte Ramón Almela propone reorientar el trabajo del artista hacia el compromiso social, y dejar de lado el lujo y los proyectores

Festival Internacional de Teatro Héctor Azar, 2013. Foto: Ámbar Barrera
Festival Internacional de Teatro Héctor Azar, 2013.
Foto: Ámbar Barrera
Ámbar Barrera

@Dra_Caos

–El arte contemporáneo en Puebla se ha convertido en una búsqueda de la relación social, ya no se basa en la construcción de un lenguaje. Lo que se está buscando es la apariencia, el funcionar de cara a la tribuna de la gente de las instituciones –dijo el crítico de arte Ramón Almela, durante el seminario “Ética y Crítica en la práctica artística local”, el 1 de agosto en las instalaciones del IMACP, como parte de la agenda de la segunda Bienal de Videoarte y Animación Puebla 2016 (VEA).

Ramón Almela, Doctor en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, planteó como un foco rojo la creciente demanda de la carrera de artes y cómo las universidades que la ofertan actualmente (UDLAP, BUAP, UNARTE, Bauhaus, Instituto de Artes Visuales del Estado de Puebla) están produciendo algunos egresados que se acercan a la comunidad desde lo que el teórico denomina el “Luxury Hall”.

El arte (o la comunidad) de Luxury Hall busca como fin primordial la venta de obra, la fama social del artista y cosechar relaciones públicas para seguir alimentando su carrera, en vez de abordar problemas sociales de la comunidad en la que está inserto desde una mirada crítica y un proceso minucioso de su producción artística.

"200 pintores", Carlos Arias Foto: Marlene Martínez
“200 pintores”, Carlos Arias
Foto: Marlene Martínez
¿Cómo entra la crítica de arte en la construcción de este problema?

Ramón Almela repasó brevemente que la crítica del arte existe desde el siglo XVIII. Es un proceso que viene desde los salones franceses, la aparición de las exposiciones alternativas a estos salones y el surgimiento de grandes literatos que podían comentar a través de la escritura, las obras dispuestas al público, ya que los propios artistas no iban a escribir sobre ellos mismos. Así surge la crítica.

El problema para la crítica formal surge cuando los artistas contratan a los críticos para hablar bien de sus obras, entonces esa voz no viene desde la comunidad o la academia, sino desde el interés personal.

–Si habla bien no está diciendo nada y es una de las peores cosas que está sucediendo. Al final la crítica tuvo un momento álgido importante en que orientaba al público y el comercio. Se constata que se perdió esa figura por el surgimiento y establecimiento de la figura del curador.

Almela explicó que a partir de ese momento se volvió cada vez más difícil obtener un pago por ejercer la crítica, así que fueron inclinándose poco a poco a la aspiración de ser curadores, un puesto bien pagado por los propios artistas. Aunque esto implica tener buenas relaciones con los museos y no pueden hablar mal de los artistas o las exposiciones porque se quedarían sin trabajo.

Ambas formas de crítica siguen existiendo. En ese sentido, el académico defendió sobre todo las plataformas digitales para la difusión de la crítica como los blogs y las redes sociales, donde puede aspirarse a llegar a esa comunidad actualmente olvidada.

Campos de acción.  Foto: Ámbar Barrera
Campos de acción.
Foto: Ámbar Barrera
El kitsch en el arte poblano actual

Durante su exposición, Ramón Almela explicó el vínculo actual entre el arte de “Luxury Hall” con el término de lo kitsch desde su acepción que “parte de la degradación de la cultura academicista, operando mediante fórmulas que ofrecen sensaciones falseadas a través de experiencias ajenas” y que “no exige nada a sus consumidores salvo su dinero”.

–El kitsch también hace referencia a lo barato. Puede ser barata la producción o barato desde su concepto. El kitsch es proclive a ser fácilmente inyectado con la propaganda del poder. También se puede conformar el kitsch de la clase alta para un tráfico de lujo montando sus trampas para conservar y ampliar sus mercados. El kitsch es una mentira.

Esto permea entonces no sólo a la escena del “Luxury Hall” sino también al manejo de la política cultural en el Estado, como lo ejemplificó Almela:

–El Festival Internacional de Puebla, ¿en qué se ha convertido actualmente? En pocas palabras a la Sonora Santanera y a las grandes masas de música que es ahora el Festival 5 de Mayo.

En Puebla la mentira del kitsch se extiende a la fórmula para hacer arte, sobre todo dentro de la clase alta de la sociedad poblana y quienes desde ahí se nombran artistas, donde no son valorados los procesos técnicos para la producción de arte ni tampoco desde la enseñanza de la misma. El resultado es la exhibición y venta de esa obra improvisada y la prolongación de ese tipo de conocimiento errado que, según Almela, cae en una falsedad estética y técnica.

Fue entre el 2000 y el 2006 cuando se observó un intento por traer exposiciones de arte contemporáneo de calidad y nunca antes visto en Puebla, Almela destacó por ejemplo la obra de Christiane Bolstanski expuesta en el Museo de Santa Mónica en 2001 y en general las exposiciones que llegaron a la desaparecida Galería de Arte contemporáneo en 2006, así como a otros espacios que también tuvieron una vida efímera tanto en Puebla como en Cholula, en una etapa que define como intensa y efusiva.

Finalmente esto no funcionó para las instituciones porque había demasiada crítica social directa contra esas mismas instituciones y sus acciones políticas en otras esferas, por lo que empezaron a desaparecer esas propuestas y proyectos.

Esas anécdotas no se limitan al pasado, pueden observarse en años recientes como ejemplificó Almela con la exposición en el Museo de San Pedro titulada “Muestra pictórica del agua” en 2014, ocasión en la que el gobernador Moreno Valle salió en la foto durante la inauguración de la muestra con una docena de cuadros al fondo que muestran sobre todo paisajes.

En esa exposición, recordó Ramón Almela, una sola obra, confinada a un rincón del museo, abordaba una crítica más o menos fuerte contra la situación del agua en el estado.

Esas historias ejemplifican cómo los gobiernos estatal y municipal hicieron la transición de esa efusividad a la mediocridad de los festivales espectaculares y vacíos, que incluso desembocó en la creación del Museo Barroco, un museo que le cuesta 26 millones de pesos mensuales a los poblanos y que carece de un programa curatorial.

En ese sentido, el Museo Barroco es tal vez el mejor ejemplo de esa ilusión de glamour para la escena artística de Puebla, donde sólo se buscan los proyectores y la espectacularidad hacia el exterior.

Las dos Rosas. Rosa Borrás
Las dos Rosas.
Rosa Borrás
Propuesta

La propuesta de Ramón Almela ante esta situación, al menos desde el papel de los artistas poblanos, es reorientar su trabajo de la mirada del comercio (de precios altos y fotografías con implicaciones de estatus social) hacia un esfuerzo que impulse “un compromiso, un desentrañar las problemáticas sociales y todo un manejo ético de su producción”, que debería también permear a los alumnos en las universidades, donde la necesidad primordial es capacitar adecuadamente a los profesionales futuros del arte en los fundamentos en los que ahora mismo, dijo Almela, hay un descuido absoluto. Esto contribuirá a que deje de perpetuarse un desconocimiento que se tome como verdad.

–Es un asunto que en 10 años se nos ha desbordado: el manejo del arte como lujo y aparición social en vez de realmente compromiso e investigación. Puedo mencionar algunos nombres, algunos que están muy comprometidos desde hace mucho tiempo como Rosa Borrás o Mónica Muñoz y otros de reciente aparición como Kiimil.

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