Romper los moldes para ser artista: Enedina Vázquez y su vocación de...

Romper los moldes para ser artista: Enedina Vázquez y su vocación de barro

Por tradición cuando se casó tuvo que dejar el barro con que trabajaba su familia y asumir el oficio del marido, el vidrio, lo que lentamente la llevó a una enfermedad que la puso al borde de la muerte. Ahí decidió que lucharía contracorriente enfrentando a su esposo, la familia de él, e incluso la suya para retomar su vocación. El siguiente texto forma parte de la serie Las mujeres en el arte: Testimonio de mujeres creadoras contemporáneas, que abordan el tema de género en el arte desde diferentes campos de acción y puntos de vista.

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Ámbar Barrera

@Dra_Caos

—Un día ellos me dijeron: ¿Estás de acuerdo de dejar tu trabajo y dejar la escuela para dedicarte al oficio de tu esposo? Y yo tontamente dije sí. Lo hice durante 20 años y cumplí con todas las reglas. Ahora yo voy a hacer mis propias reglas. Le dije (a mí esposo): Ahora vamos a ser iguales, no me voy a empoderar para hacerte lo que a mí me hicieron, sino simplemente estar en equidad.

Enedina tiene alrededor de 40 años y su mirada es siempre firme. Observa y escucha a los demás con detenimiento. Viste con el atuendo típico de Santa María Atzompa, Oaxaca, comunidad en la que nació y creció y donde ella misma dice que es difícil hacerse valer como mujer y sobresalir.

Hace 21 años y al borde de la muerte en el hospital, decidió que lucharía contracorriente enfrentando a su esposo, la familia de él, e incluso la suya para dedicarse al arte de barro y arcilla, vocación que había abandonado al casarse 10 antes de ese momento.

Enedina Vázquez compartió su historia de vida, lucha y pasión como artista del barro durante la Semana de Arte, Género y Diversidad, que se llevó a cabo en marzo en la Universidad Iberoaméricana en la Ciudad de México.

VasquezCruz_Enedina-esperanzacenter—El barro es una técnica muy bonita y nos invita a soñar. Se deja hacer lo que uno desee. Y si yo me siento triste, sale en las imágenes que he creado. Si yo me siento feliz se ve en la expresión de cada una de las figuras.

Así se expresa Enedina sobre su vocación y su pasión de vida.

Relató que en su infancia, cuando miraba a su padre y cómo creaba piezas de barro, ella, al borde de las lágrimas, deseaba robarle ese conocimiento a su padre y le pedía a dios que le diera el mismo talento que a él.

Su padre fue su maestro –y continua siéndolo– y actualmente Enedina se considera afortunada porque su obra aparece en libros y revistas que le han dado la vuelta al mundo. Justamente ese era su objetivo al decidirse luchar por ser una artista del barro: Dar a conocer su trabajo.

Muy joven, Enedina tuvo que dejar la escuela por falta de recursos, aunque se las ingenió para tener siempre libros de texto con ella. También muy joven y presionada por las convenciones sociales de su comunidad, ella se casó.

—Una enamorada hace cosas que a veces son un error, pero todavía una quiere taponearlo.

Al casarse, la tradición dicta que la esposa debe aprender y dedicarse al oficio de la familia del esposo. En su caso, su esposo se dedicaba a trabajar el vidrio. Enedina cuenta que fueron 10 años de insatisfacción, y considera que esa fue la causa que la llevó a enfermarse hasta que, al borde de la muerte, decidió renunciar a las ideas de su comunidad sobre acoplarse a lo que el esposo dice, sin tener voz o voto o incluso voluntad propia, para dedicarse a lo que reclamaba su corazón a cualquier costo.

—Me armé de valor y desde hace 21 años estoy luchando por conservar mi trabajo, y afortunadamente he encontrado personas que lo valoran y lo he dado a conocer.

Cuando Enedina le informó de su decisión a su familia, sus suegros y su esposo la retaron: “Si lo vas a hacer, lo vas a hacer solita”. Estaban seguros de que sola no lo podría hacer, no sólo por lo que implicaba el conocimiento de la técnica, sino por el trabajo físico que exigía.

Lo único que sabía bien Enedina en ese momento era crear las piezas. Necesitaba aprender a preparar los barros, las quemas en el horno, empacar y tener idea para enfrentar al público y vender a sus clientes.

—La preparación del barro no es nada fácil. En mi pueblo es una actividad para hombres, se tienen que moler 3 diferentes barros con un mazo de 20 kilos, o por lo menos de 15 kilos. Luego se acarrea el barro en carretilla para ponerlo a secar…

A esa labor le siguen algunas más que implican trabajo de fuerza y resistencia física. Para la quema de las piezas se tiene también una dificultad técnica para que no se pierda el color o se rompan las piezas. Enedina dice que pensó en echarse para atrás pero al final decidía que valía más la pena seguir avanzando.

Enedina-Tehuana-store.desilvaimportsSu primer logro fue realizar una primera pieza a escondidas de su marido. Su padre le hizo la quema, pues en ese entonces ella aún no aprendía a hacerlo.

Un nuevo gran reto se le presentó hace 4 años, cuando Enedina tuvo que desechar su horno porque nacía agua dentro de él. Ella decidió hacer un horno nuevo ella sola, ladrillo por ladrillo. Cuando terminó el horno, que medía un metro y medio de diámetro y un metro y medio de altura, le preguntó a su padre si lo había hecho correctamente, sobre todo por la posición del fuego. Si no era correcto, estaba dispuesta a tirarlo y volverlo a hacer. Sin embargo, después de la revisión su padre sorprendido le dijo que estaba perfecto.

—Algo así hice (romper las reglas) Primero el dedito, luego la mano y ya luego salí toda del huacal. No fue con mala intención. Me retó la familia de mi esposo y mi propio esposo. Yo quería el divorcio y mi mamá me dijo que jamás había habido un divorcio y que yo no sería la primera, menos siendo la más pequeña.

Enedina tiene 32 años de casada, 3 hijos y continua, de cierta manera, su vida normal en su comunidad, mientras de forma paralela es artista del barro, viaja a otras ciudades, estados e incluso fuera del país, ofrece entrevistas y da pláticas y/o talleres o solamente sale para vender sus piezas.

Ya ha comenzado a enseñarles todo lo que sabe sobre el oficio del barro a sus hijos y está dispuesta a compartir sus conocimientos con nuevas generaciones que se interesen en aprender la técnica, pues al menos en su comunidad ella nota que los jóvenes no están interesados y teme que el conocimiento se pierda con el tiempo.

Además, Enedina también se sale un poco del molde de un artista del barro tradicional, quienes usan sólo dos tonos de barro (rojo y beige) que le dan su característico bicolor a las piezas. En cambio, Enedina ha experimentado a lo largo de los años mezclando otros barros e incluso piedras para generar nuevos colores, algo inusual en la tradición.

Cambiando las reglas permanentemente

Conforme Enedina superó los retos y las exigencias físicas para retomar su vocación con el barro, sus suegros comenzaron a darle algunos consejos a su hijo: “Si no obedece, golpéala”. Una sugerencia casi natural en la comunidad, quienes tienen normalizada ese tipo de violencia hacía la mujer.

—Tu nada más me tocas no me vuelves a ver –cuenta Enedina que le respondió a su marido –No soy tonta, no creas que soy tonta. Simplemente te estoy dando chance que camines, que corras todo lo que quieras que un día te voy a alcanzar y cuando esté en la meta te vas a arrepentir. Entonces las cosas cambiaron. Hice nuevos arreglos familiares, nuevos arreglos conyugales.

Enedina sonríe al decir esa última frase.

Cuando Enedina le informó de su decisión a su familia, sus suegros y su esposo la retaron: “Si lo vas a hacer, lo vas a hacer solita”. Estaban seguros de que sola no lo podría hacer, no sólo por lo que implicaba el conocimiento de la técnica, sino por el trabajo físico que exigía.

Cuando Enedina ya había retomado su trabajo con el barro, decidió darse una pausa para tener un tercer hijo. Eso lo decidió ella sola. Y significó un cambio importante, una muestra de su empoderamiento, lo mismo que lo que significaban esos nuevos arreglos conyugales, en los que comparte con su esposo las labores del hogar o ella viaja sola no sólo fuera de su comunidad sino hasta del estado y del país.

—La familia de mi esposo me ven con otros ojos. Y la gente del pueblo que me criticó cuando me veían de noche para tomar un autobús para salir de la ciudad de Oaxaca, ahora se acercan a mí para enseñarme las notas del periódico en las que sale algo sobre mi trabajo o los premios que me he ganado.

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