Algo sobre el libro: La Casa Blanca de Peña Nieto

Algo sobre el libro: La Casa Blanca de Peña Nieto

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Foto tomada del sitio clasesdeperiodismo.com
Ernesto Aroche Aguilar

@earoche

Estamos tan acostumbrados al periodismo que golpea por consigna que cuando un reportero encuentra una hebra informativa y la sigue, desenrollando lentamente hasta poder coger a la rata que está al final, lo primero que se piensa y, peor, se publica, es que alguien estuvo detrás del trabajo de recopilar la información y que el reportero fue sólo la vía final para llevarlo a la audiencia.

Estamos tan acostumbrados a un periodismo que sólo transcribe el discurso del poder y que publica en su primera plana, o en los mejores espacios en los noticieros de radio y televisión, los boletines oficiales, y contribuye a imponer ese discurso sin apenas cuestionarlo –no sea que se vayan a molestar y no paguen el convenio–, que cuando un espacio noticioso se sale de la línea e incomoda al cuestionar el discurso oficial, al indagar, al mirar debajo de la alfombra del poder, hay que aplastarlo para, primero, evitar que el ejemplo se reproduzca y, después, acallar las voces que puedan dar sentido a las decisiones de la ciudadanía al transmitir información.

Esa es la historia que nos cuenta el libro que escribieron en conjunto Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera, Irving Huerta y Sebastián Barragan, el equipo de investigación periodística que nació al cobijo de la primera emisión de Noticias MVS que comandaba Carmen Aristegui, un espacio radiofónico que hoy ya no existe.

Porque en este país de simulación, en este país con los pies de trapo y los ojos al revés, las sanciones no son para los corruptos evidenciados, sino para los que hacen visible –de manera muy sólida y sin resquicio de duda– esa corrupción y los conflictos de interés entre el poder político y los empresarios amigos.

Ya se sabe, en este país el compadrazgo es política de estado.

***

Mucho se habla de la crisis del periodismo en la que nos metió el internet como soporte, con la posibilidad de compartir contenido de manera masiva y de que cualquiera puede hacer periodismo con un dispositivo móvil conectado a internet. Bueno, el periodismo de investigación, es decir ese que no está atado a la agenda de noticias general impuesta desde el poder político y económico, sino que se plantea su propia agenda noticiosa es una de las respuestas a esa crisis del periodismo como profesión, pero además fortalece una de las funciones vitales de esta profesión: la vigilancia del poder.

El periodismo no es ese cuarto poder del que se habló hace algunos años. Es, o debe ser, uno de los contrapesos con los que cuenta la sociedad ante los poderes fácticos y de facto.

Es cierto, la investigación periodística tiene sus riesgos, y ya lo vimos en el ejemplo más visible, 26 personas perdieron su trabajo por llevar adelante una investigación que involucró al priista Enrique Peña Nieto, presidente de la República, y al empresario que creció como espuma al amparo de sus gobiernos, primero en el Estado de México y después en el gobierno federal, Juan Armando Hinojosa Cantú.

Un investigación que pasó del recurso fácil de calificar al dueño de Grupo Higa de ser el “empresario consentido” a demostrar con documentos oficiales en mano que obtuvo más de 8 mil millones de pesos en contratos de obra pública y servicios del gobierno del priísta, que de la mano de empresas mediáticas llevó de regreso a su partido a Los Pinos, y ahí de nuevo la alternancia política muestra su peor cara para la sociedad.

Claro, ese es el ejemplo más visible, despidos como ese se registran mes con mes, año con año, y la sociedad se mantiene apática ante las agresiones del poder, perdiendo de vista que al agredir a un reportero no se agrede a la persona, sino a la audiencia en su conjunto que ve limitado su derecho de acceso a la información.

Pero regresemos al libro, y a esa historia casi de libro policíaco en donde una pista nos lleva a otra y a otra.

Y de una portada de una revista de sociales que muestra a una mujer en la plenitud del pinche poder, eso sí, muy políticamente correcta al anunciar que asume a Los Pinos como una casa temporal cuando su verdadera casa, esa donde se lleva a cabo la entrevista de socialité, es la que les construyó el amigo empresario como reveló el Registro Público de la Propiedad, pasamos a unas oficinas ejecutivas en Toluca, y de una investigación que nació en los pasillos de supermercado llegamos a un taller organizado por Connectas y Periodistas de a Pie, y luego a otro en Arteluz –un espacio de talleres periodísticos en la ciudad de México— en el que Lizarraga conoció por primera vez la investigación en ciernes.

Siguiendo la ruta del dinero hasta documentar una red de 26 empresas y razones sociales, al menos, algunas creadas ex profeso para construir, comprar, vender o rentar inmuebles a funcionarios federales a costos muy bajos y con tasas preferenciales muy por debajo del costo real en el mercado, como sucedió con el secretario de Hacienda, Luis Videgaray y su jardín, o esposas con finiquitos multimillonarios por su trabajo como actrices que compran a plazos casas que honradamente no es posible tener.

Pero además plantea una estrategia, replicada de otros regiones de Latinoamérica, sobre cómo maximizar el impacto de la publicación.

La publicación de La Casa Blanca de Peña Nieto en este formato se vuelve así un libro de texto, un manual de investigación, una suerte de taller de ese periodismo incómodo que confirma por todas las vías posibles que el amor materno no es un mito. Y sólo entonces lo publica.

Quiero cerrar con un párrafo tomado del prólogo que escribe Aristegui: “El reportaje causó polémica, indignó a una sociedad agraviada y mostró cuán endebles y sometidos puede estar, en México, los sistemas y rendición de cuentas y cuan dócil y sumisa puede ser una empresa de comunicación frente a presiones políticas, mandatos de aniquilación y censura contra periodistas independientes”.

*Este texto fue leído hace un par de semanas durante la presentación del libro La Casa Blanca de Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, y se publica recién hoy, un día después de la presentación del libro en la ciudad de México.

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