Niños en el campo de batalla: jóvenes talentos en el ajedrez

Niños en el campo de batalla: jóvenes talentos en el ajedrez

Diana Magaña

@dienelmonstruo

Los chicos corren frente al local: juegan atrapadas, escondidas y con un globo, pero en el momento en que les avisan que los pareos están pegados y van a empezar las rondas, algo cambia. Ellos revisan la papeleta y se dirigen a su mesa. Colocan las piezas sobre el tablero, y en cuestión de minutos están totalmente concentrados y abstraídos moviendo las piezas. Es un torneo para menores de 17 años organizado por el Club Scaque. Participan chicos y chicas desde los 7 años. Del grupo de los avanzados, hay una partida que me llama la atención. La historia de cada uno de los jugadores es opuesta, casi como los colores del tablero.

3 Niños ajedrez 2 FOTO  Diana Magaña Jul 15
Israel Pineda juega desde los 6 años y tiene una trayectoria de éxitos en el ajedrez. Foto: Diana Magaña

Israel Pineda descubrió el ajedrez a los 6 años. Los reyes magos le trajeron un maravilloso regalo: un multijuegos que incluía un futbolito (el atractivo principal) y otros juegos como ping pong, damas y ajedrez. Cuando el pequeño aun de kínder se aburrió del futbolito descubrió las piezas del ajedrez. Le pidió a su padre que le enseñara a jugarlo, pero su padre pensó que era muy pequeño y no puso mucho interés. La hermana mayor le enseño a mover las piezas. Luego su padre le presto un CD de ajedrez para computadora. Jugaba todos los días al volver de la escuela, hasta que un día el pequeño exclamó: “papá, ya le gane a la máquina”. El padre asombrado empezó a jugar con el niño, y se dio cuenta que su nivel era bueno. A partir de ese momento, Israel, quien ahora tiene 13 años, no ha soltado el ajedrez.

—En estos 7 años, mi hijo ha escalado sin apoyo de nadie —dice el padre de Israel.

A su corta edad, Israel tiene numerosas medallas, más de dos kilos de ellas: ha sido campeón nacional, ha participado con jugadores de categorías más avanzadas y mayor edad, ha estado en distintos torneos nacionales e incluso ha representado a nuestro país en competencias internacionales. Sin embargo, no ha recibido apoyo alguno de las instancias de gobierno, ni municipales, ni estatales, y mucho menos federales.

—Sólo su escuela lo ha apoyado para asistir a torneos —abunda su padre y comenta que ir a los torneos representa un esfuerzo económico, pues además de la inscripción, se tiene que pagar el transporte, el hospedaje y los alimentos.

Para para subir el score, los practicantes tienen que ganar en torneos más caros y que muchas veces son en ciudades lejanas, así que el score de Israel, si bien es alto (1057) podría serlo aún más si tuvieran más recursos económicos para asistir a más justas.

—No he vivido en los últimos 4 años por acompañar a mi hijo —me dice Israel padre.

Desde hace un año, todos los días va por su hijo a la escuela y le lleva una torta que se va comiendo mientras platican de sus tareas escolares rumbo a sus clases de ajedrez. Israel hijo toma clases de lunes a viernes, 4 horas. Así que tras estas horas de entrenamiento, se van a casa, a comer bien y acabar los deberes.

-Entre trabajar y acompañarlo se me van los días —dice-. Pero es la única manera de promover su desarrollo, la única manera de impulsarlo para seguir aprendiendo. Si hay torneo el fin de semana, son días completos acompañándolo y esperando. Si es un torneo largo, pueden ser 5 días seguidos de partidas en otra ciudad.

Cada partidas es de 4 o más horas. Acaban los días exhaustos. Israel padre está preocupado porque pese a que ha demostrado sus talento no logra captar la atención de las autoridades que parecen interesadas solo por el futbol, e ignoran los demás deportes donde hay gente con alta capacidad y buenos resultados.

El rey negro se enroca

Frente a Israel no solo está su oponente, sino un jugador con una historia completamente diferente.

Él es un chico de 15 años y está por entrar a la secundaria, lo nombraremos Juan pues teme que su familia se entere que estuvo en un torneo de ajedrez, pues sus padres piensan que es tan solo una pérdida de tiempo.

Juan llegó al ajedrez de rebote, su hermana mayor le pidió le ayudara a saber quién era el mejor jugador en esa disciplina por una tarea de la escuela. Y las piezas le sedujeron. Empezó a aprender a jugar solo. Luego un libro que llegó por casualidad le abrió los ojos y empezó a mover las piezas. Ahí empezó su pasión por este deporte, y de eso hace solo dos años.

Luego empezó a jugar con su hermano mayor, que había tomado clases en la escuela. Su formación autodidacta a través de libros le permitió, poco tiempo después, ganarle a su hermano.

Foto: Diana Magaña
Foto: Diana Magaña

A diferencia de lo que pasa con Israel a Juan sus padres no lo apoyan. Es más, le han dicho que deje el ajedrez. Que le quita tiempo. Que no le ayuda para nada. Que mejor se ponga a hacer algo útil. Que deje de leer esos libros de jugadas. Que seguro “son cosa del diablo”. En un contexto así acercarse al ajedrez ha sido algo difícil, pues tiene que juntar para sus pasajes (no vive en la ciudad de Puebla) y para sus torneos sin decir nada a sus padres.

Sale de su casa en la mañana, y regresa en la noche como si nada, ni batallas en un campo de guerra, ni muerte de ejércitos, ni captura de reinas, como si nada hubiera pasado durante el día. Pero me dice: “Yo soy de esas personas que si busco algo es porque lo voy a encontrar y me abrí paso yo solo”.

-El cerebro es un músculo, se tiene que ejercitar -me platica.

Le pregunto los beneficios que él ve en el ajedrez, y me dice que ayuda a alejar a los jóvenes de los vicios, pues es un distractor, que ayuda a analizar y a tomar decisiones. Piensa que este deporte es mostrado como algo para “viejitos” en las caricaturas y las películas y por eso los adolescentes se van por otras disciplinas.

Le pregunto si ha sufrido bullying por practicarlo, primero dice que casi no, pero tras reflexionar comenta que a veces si ha sentido bullying es por ser diferente: “por no jugar fútbol, me hacen de menos. A veces no me hablan, si no juegas fut con ellos no eres nada”.

Entrenador, el jugador y los padres, la ecuación completa

Juan sostiene que  hay tres componentes para subir el nivel del juego: el entrenador, el jugador y los padres. Si uno de las tres falla, la ecuación está incompleta. Y son pocos los padres que conocen y apoyan el juego.

Foto: Diana Magaña
Foto: Diana Magaña

–Si tu papá no juega ajedrez, no vas a poder tú jugarlo. Todo viene en una cadena, pero –reflexiona– podemos romperla.

Respecto a su experiencia en el ajedrez comenta: “Hay quienes pierden y se desaniman, y no quieren volver a jugar. No importa que pierdas, lo importante es que sigas practicando”.

El reloj sigue contando, se mueve el alfil negro. Es capturado un caballo blanco. Cinco jugadas más y Jaque Mate. Las blancas ganan la partida, Israel sonríe discreto al dar la mano a su oponente. El otro, con la derrota de su rey, analiza sus errores e identifica sus puntos flacos. Salen del local y se ponen a jugar con otros chicos en el piso. El ajedrez, entre otras cosas, enseña a lidiar con las derrotas y a aprender de los errores.

Si estás interesado en aprender, practicar o competir, puedes contactar a Club Escaque en el local “Ajedrez” del centro comercial “El Campanario” (Blvd. 42 Norte 1825. Col. Cristóbal. Local 1C1 y 1C2), a los teléfonos.   (01222) 5008664 (01222) 5533822 y celular 045 22 25 66 00 82 y 77 o en la página http://www.clubescaque.com.mx/.


Notas relacionadas:

Damas que matan al Rey: mujeres jugando ajedrez

El ajedrez, un juego, un arte y una ciencia: Ángel Contreras

Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas.
Contamos la otra parte de la historia.
Contáctanos : info@ladobe.com.mx

NO COMMENTS

Leave a Reply