Alejandro Vázquez 

 

Des stigmates si profonds

contrarientl’idée de faire demain

desimages si présentesexaltentl’incroyable

prêchent un carnage.

 

L’orage d’un monde sur Terre

nous massacre pour parfaire

lerêve d’un seul homme

lesotagessoumis à notreenfer

n’attendent que de détruire ce que noussommes.

AqME – “Ce que noussommes”

 

Yútub. Página que de manera recurrente, y en mi opinión incorrecta, se usa como un puto reproductor musical. O sea, es en verdad encabronante cómo puede ser la gente tan huevona como para ni siquiera ser capaz de bajar la música que le gusta. Pero, ¡ah!, está más chido darle en la madre al caché del navegador con canciones de Julión Álvarez, La Arrolladora o de bachata.

Carajo.

Igual, el punto no es ese. El punto es que más allá de las canciones que nos tienen hasta la madre, hay más cosas en esa gran videoteca. Hay cursos de idiomas, caricaturas para el tarado de tu primito, caricaturas para tus cuates y tú cuando están ebrios, videoblogueros que dan risa, videoblogueros que dan pena… und so. Pero hay una creciente categoría de videos que llama la atención: “ASMR”.

Seguramente, al leer esto, te llevas una copa de Cabernet Sauvignon a los labios mientras piensas: ¿qué chingados es ASMR?

ASMR son las siglas para Autonomous Sensory Meridian Response, o Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma, y hace referencia al cosquilleo que sientes en la cabeza o en la espina dorsal cuando te susurran al oído o te meten la lengua. Este tipo de videos, en principio, surge como un auxiliar cuando no puedes dormir porque por imbécil tomaste demasiado café, o cuando – igual por imbécil – caes en debrayes mentales pensando en si la combinación de ropa que llevaste le agradó a la persona por la que estás de nalgas. Surge también como una oferta de videos que busca hacer meditaciones guiadas accesibles a personas que por razones de MALDITA POBREZA deben concentrarse la mayor parte del día en cosas como trabajar o estudiar y no aprender pinche sánscrito.

Si nuestra naturaleza de vida es la de un chinicuil en comal, nos daremos cuenta de que el siguiente nivel es el de aquellos videos hechos por personas que buscan apoyar a otras en problemas anímicos que van desde días de mierda hasta crisis de ansiedad, pasando por afirmaciones que elevan la autoestima y así. Casi siempre se aclara lo obvio – o sea, que tales videos no reemplazan una atención psicológica profesional, pero pues que están ahí para hacer el paro en caso de que sientas que la cosa no está tan del anís o que puede ser paliada.

En el mismo nivel podemos también encontrar videos de roleplays que generalmente recrean situaciones, lugares y personas de la vida cotidiana – enfermeras, estilistas, doctores, maestras, policías, dentistas entran aquí. Aún más: podemos hallar videos cuyo único contenido son sonidos en bruto de uñas rozando papel, personas leyendo un periódico o comiendo chocolates.

Sin embargo, si vamos más allá nos damos cuenta de que las cosas comienzan a torcerse un poco. Bueno, la verdad es que se van directo a la fregada: no porque los videos sean malos, sino porque nos dan cuenta del estado de la psique social, y al menos lo que esta humilde zorra cree lograr dilucidar, es algo que está de la chingada.

Los videos que podemos encontrar en este tercer nivel son muy parecidos a los roleplays, con una diferencia: lo que buscan recrear es una relación cercana. Son videos en los cuales podemos encontrar entornos, colores y actitudes cálidas, que en muchos casos chocan con una cotidianeidad gris, fría y desalmada. “Confidente”, “Amigo”, “Novia”. El confidente hace pausas entre pregunta y pregunta simulando escuchar lo que debes decir. El amigo va a la cocina y te pregunta si quieres chocolate caliente o té. La novia hace movimientos frente y alrededor del lente de la cámara para simular que te acaricia: incluso llega a besar el aire para simular… bueno, esto parece ser bastante obvio.

Creo que el lector que se haya dignado a llegar hasta aquí va sospechando cuál es el punto. Vivimos en tiempos bastante prósperos en lo que respecta a medios que sirven de puentes para comunicarnos con otros, pero nuestro contexto –y me atrevería incluso a decir que nuestro habitus– nos hace caer en la paradoja de buscar afecto y voces cariñosas en YouTube. Si bajamos el razonamiento a una línea más cruda, podemos decir que estamos intentando obtener afecto de una máquina.

UNA PUTA MÁQUINA.

De lo que nos dan cuenta tales videos es de nuestro fracaso como sociedad para conectar, pedir, dar y recibir – y de paso, de los degenerados niveles de frialdad que hemos propiciado. Nuestras ciudades van superando los 100,000 habitantes a madrazos estadísticos, y varias han superado ya el millón. Nuestro asentamiento emblema de seguro ya supera los 20 millones. Y con todo, son lugares cuya mayoría de habitantes que se pudre en soledad.

Camisas de fuerza hechas de prejuicios, miedos, rabias, y quizás hasta orgullos – fibras más, fibras menos, en distintas medidas y mezclas. Camisas de fuerza que constriñen nuestros afectos, los coagulan, los pudren y necrosan nuestra psique – y así, podemos incluso concluir que mutilar nuestros afectos en pos de una defensa total, es mutilar lo que somos.

Al momento de escribir esto me llena una certeza: todos vamos a morir. Pero yo no quiero morirme sabiendo que no hice lo suficiente. Quiero morirme sabiendo que pedí cuando así lo sentí necesario, que di lo que quise dar sin ser limitado, que abracé, dije y amé con toda mi congruencia, sin importarme una mierda lo que pudieran decir las pinches señoras de la colonia, los compañeretes grises de mis escuelas o cualquier otra persona a la que deberían importarle un mísero rábano mis pulsiones y vorágines mientras no dañe a nadie.

La congruencia es obviamente una guerra diaria. Sin embargo, hay personas que además de no tener ganas/huevos para pelearla, buscan obligar a otros a seguir su ejemplo y quedarse en aquella zona de conformismo pusilánime. Así, la congruencia requiere una declaración de guerra con un carácter dual: interno y externo. Interno, contra todo aquello que nos fue incrustado por otros para apegarnos a normas y clichés francamente estúpidos; externo, contra todo lo que son aquellas personas y contextos que no nos dejan ser.

Es una carnicería, y al principio te vas a quebrar. Pensarás: “Tanta gente no puede estar equivocada.” Y caerás pensando que todo está mal contigo, que no eres suficientemente frío y cabrón para este mundo. Vas a querer matar tus sueños. Pero no lo vas a hacer.

Porque recordarás que el hielo congela las cosas y luego se derrite, y que el fuego todo lo incinera y todo lo ilumina.

Y porque per se, la declaración de guerra es victoria absoluta.

Cada quien a su masacre.

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