La cara humana y la de un chimpancé difieren por la expresión...

La cara humana y la de un chimpancé difieren por la expresión génica

La cara de un chimpancé es bastante diferente a la de un ser humano, a pesar del hecho de que los primeros son nuestros parientes más cercanos en el árbol de primates. Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford (EE UU) han identificado cómo podrían surgir esas distinciones estructurales en dos especies con bases genéticas casi idénticas. La clave está en cuánto, cuándo y dónde se expresan dichos genes.

Portrait of a brutal bearded man with tattoos
Foto: Fotolia|Evan L. MacLean
Agencia SINC

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Un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford (EE UU) ha descubierto que los chimpancés y los seres humanos expresan diferentes niveles de proteínas conocidas para controlar el desarrollo facial, incluidas algunas involucradas en la forma de la mandíbula y la longitud de la nariz y la pigmentación de la piel.

“Estamos tratando de comprender los cambios regulatorios en nuestro ADN que se produjeron en la evolución reciente y que nos hacen diferentes de los grandes simios”, dice Wysocka

“Estamos tratando de comprender los cambios regulatorios en nuestro ADN que se produjeron en la evolución reciente y que nos hacen diferentes de los grandes simios”, dice Wysocka

En particular, los científicos encontraron que dos genes, PAX3 y PAX7, que se sabe que afectan a la longitud y forma de la boca en ratones de laboratorio, así como en la pigmentación de la piel, se expresaron en niveles más altos en los chimpancés que en los seres humanos.

Además, las personas con menos de la cantidad normal de PAX3 tienen una condición llamada síndrome de Waardenburg, que incluye defectos craneofaciales, auditivos y de pigmentación. Los estudios de asociación genómica en humanos han identificado PAX3 como una región involucrada en la variación facial normal.

Por el contrario, otro gen, BMP4, que se sabe que está involucrado en la determinación de la forma de los picos en los pinzones y la mandíbula de un pez llamado cíclido (Cichlidae) se expresó en niveles más altos en los humanos que en los chimpancés. En ratones, la sobreexpresión de este gen en las células de la cresta neural craneal provoca un cambio marcado en forma del rostro, incluyendo un redondeo del cráneo y de los ojos.

“Estamos tratando de comprender los cambios regulatorios en nuestro ADN que se produjeron durante la evolución reciente y que nos hacen diferentes de los grandes simios”, dice Joanna Wysocka, profesora asociada de biología del desarrollo en la Universidad de Stanford y coautora del estudio que publica la revista Cell.

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