Josué Cantorán

@josuedcv

Tengo que morir todas las noches es una crónica de 200 páginas sobre la cultura gay de los años 80, un relato sobre la ciudad de México y la escena que se gestó en sus ambientes subterráneos para que los hombres gays, todavía cautivos en la clandestinidad, pudieran reunirse. Pero es también, esencialmente, la historia de Henri Donnadieu, un francés radicado en México, y de El Nueve, su bar, que por quince años concentró a esa convulsa comunidad.

De hecho, para Guillermo Osorno, su autor, el periodismo narrativo es el arte de conjugar dos planos: uno vertical, que es una historia particular que quizá a nadie interesa más que a las personas que la vivieron; y luego uno horizontal, que es el contexto histórico, social y político que se da alrededor de esa historia y que permite profundizar en las causalidades de su ocurrencia.

–Lo que hace el periodismo narrativo es juntar los dos planos –explica el autor en entrevista con Lado B–: el plano social, el de la época, el histórico, con el plano de la historia personal, y en la conjunción de estos dos ejes es donde se ve el periodismo narrativo.

Guillermo Osorno, quien durante ocho años dirigió la revista Gatopardo, logra en su libro eso que dice. Tengo que morir todas las noches, publicado en junio de este año, toma como punto de partida la historia de El Nueve, que ya en sí misma es interesante, y la contextualiza de manera cuidadosa para que al mismo tiempo se cuenten las historias de la ciudad de México y su entrada a la democracia, y la de la generación de esa época, de los que fueron jóvenes en los 80 y demandaron, conscientemente o no, una apertura globalizadora de la cultura.

No de en balde al autor le llevó casi diez años hacer el libro desde el inicio del reporteo hasta poner el punto final al texto. Primero fueron dos meses en los que cada miércoles entrevistó largamente a Henri Donnadieu, quien le contó, gracias a su buena memoria, pormenores detallados de la historia. Al final fueron unos dos años de escritura continua. Y en medio, varios años de cotejar todos los datos que Donnadieu había contado, de exhaustivas revisiones hemerográficas para aportar otras aristas a la historia, de entrevistar a los personajes satélite y de leer otras fuentes para contextualizar perfectamente la historia.

–Empecé a hablar con Henri y me presenté –cuenta el propio autor–. Le dije que estaba interesado en la historia de El Nueve y él comenzó a contarme pedazos del asunto. La verdad es que desde el principio me pareció que la historia tenía mucho chiste y tenía mucho alcance.

Para Osorno, el periodismo narrativo cumple la función, que considera innata al ser humano, de contar historias, de fundarse la cultura en el relato, y por ello vale la pena hacerlo.

–El periodismo de largo aliento a lo que ayuda es a contarnos historias –dice–. De una manera casi antropológica o psicológica, los seres humanos nos relacionamos con otros a través de las historias, y este periodismo de largo aliento tiene esta misión de contar bien una historia y de unirnos con los otros seres humanos a través de estos relatos.

Y aunque admite que el éxito del libro –que ya tiene una reimpresión– tiene que ver con el llamado boom de la crónica y el interés aparentemente cada vez mayor de los lectores por leer historias reales, Osorno también señala que su libro llena un vacío que estaba siendo ignorado, pues si bien ya se habían hecho historias de los movimientos LGBT en México, hasta ahora sólo había sido sobre los aspectos más políticos y de lucha.

–Este libro en particular es la pieza de un rompecabezas que no había aparecido y que le da sentido a mucha gente. Tanto jóvenes como viejos pueden detectar y explicarse cosas de su ciudad o de su país a través de esta historia.

Tengo que morir todas las noches se encuentra ya en librerías. Su primer capítulo puede leerse en este enlace.

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