2014, año de claroscuros en la cultura

2014, año de claroscuros en la cultura

Josué Cantorán

@josuedcv

En enero de este año, a propósito del tercer informe de Rafael Moreno Valle como gobernador de Puebla, preguntamos: ¿cómo han visto y sentido la política cultural del gobierno estatal a la mitad de la administración? ¿Cuáles han sido sus aciertos y sus yerros, sus acciones de valor y sus omisiones? En aquella ocasión, como lo consigna el reportaje publicado en Lado B, artistas, gestores y periodistas culturales coincidieron en algo: la del gobierno del estado es una política de espectacularización de la cultura. Tal como ocurre en otros ámbitos, el gabinete estatal opta por las actividades vistosas, por los eventos grandilocuentes donde se derrochen extensos presupuestos y que puedan presumirse mediáticamente, y deja de lado las políticas serias que fortalezcan las escenas culturales ya existentes.

Y eso se hacía evidente, también, en las pocas palabras que el mandatario poblano dedicó a la cultura en aquel informe: un desglose de los 772 millones de pesos invertidos en los grandes festivales internacionales, como el del 5 de Mayo (interdisciplinario), el Héctor Azar (teatro) y la Ciudad de las Ideas.

Ahora que el año termina, las preguntas parecen vigentes, pero aparecen otras: ¿qué han hecho los gobiernos, estatal y municipal, en materia de cultura? ¿En qué han abonado los artistas y gestores que se mueven en la independencia, alejados de las instituciones públicas? ¿Cómo fue este año para Puebla en materia de arte y cultura?

Aquí empezaremos con algunos apuntes.

Una relación tensa

El sábado 6 de diciembre decenas de niños y niñas acudieron al edificio ubicado en el número 1808 de la calle 12 Norte del barrio de El Alto. Fueron a despedirse de su biblioteca.

El inmueble pertenece al gobierno estatal pero, hace diez años, su administración había sido delegada al Consejo Puebla de Lectura –una asociación civil– para que ahí realizaran sus actividades de fomento de lectura, focalizadas para niños y niñas. Cuando el contrato de comodato que les otorgaba el permiso para ocupar el inmueble venció, los integrantes del CPL buscaron renovarlo, sin éxito. Y pese a que en tiempos anteriores el gobierno estatal había reconocido con premios la labor de la organización, esta vez el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CECAP) les requirió la entrega del inmueble, obligando a la organización civil a empacar su material bibliográfico y dejar parte de su trabajo en la incertidumbre.

El 4 de diciembre, el Cabildo de San Pedro Cholula aprobó cancelar el contrato de comodato que permitía a la Universidad de las Américas Puebla gestionar el edificio conocido como Casa del Caballero Águila, justo frente al zócalo del pueblo mágico. La institución había utilizado el inmueble por dos décadas como una especie de museo y galería y para la realización de actividades culturales. El alcalde José Juan Espinosa prefirió no detallar las supuestas violaciones al contrato de comodato en las que la universidad había incurrido, pero sí dijo, según información de La Jornada de Oriente, que el edificio le vendría bien al municipio para exponer una colección de cien pinturas que estaban arrumbadas en la Casa de Cultura.

Recientemente, aún bajo la coordinación de la UDLAP, la Casa del Caballero Águila había expuesto obra de la artista poblana Dulce Pinzón, especializada en la fotografía.

Los dos casos anteriores ejemplifican de manera clara la relación tensa que suele crearse en ocasiones cuando las organizaciones ciudadanas o las instituciones educativas –los privados, al fin y al cabo– emprenden relaciones de supuesta colaboración con el Estado, y la falta de garantías para continuar con sus proyectos aun cuando sus resultados hayan sido satisfactorios.

Foto: Josué Cantorán
Foto: Josué Cantorán

Y el primer caso, el del despojo de la biblioteca del CPL, en el que el CECAP acudió a reclamar un inmueble al que una organización le daba vida cultural, contrasta con la falta de voluntad que esa misma dependencia demostró cuando el gobierno estatal decidió desmantelar la galería de arte moderno y contemporáneo Ángeles Espinosa Yglesias para ubicar en su lugar oficinas de cobro de control vehicular y otros impuestos.

La galería, que dependía del CECAP y cuya última exposición estuvo dedicada a la dinastía de artistas Parra-Gironella, fue cerrada en una noche de febrero de este año en total secrecía, sin que se consultara con la comunidad artística y sin que se abriera otro espacio similar para absorber las funciones que ésta desempeñaba.

Mientras tanto, los espacios para exponer, para crear, para leer, se siguen reproduciendo desde la autonomía, sobre todo en el centro histórico y en Cholula, donde brotan como hierbas silvestres los pequeños foros o galerías o teatros que intentan cumplir con esas funciones ignoradas por el Estado, a veces ante la ausencia de un proyecto sólido que les confiere el lamentable destino de desaparecer rápidamente.

El IMACP, sacudiéndose el estigma

Durante el periodo del anterior alcalde, Eduardo Rivera, el actuar del Instituto Municipal de Arte y Cultura fue criticado en diversas ocasiones por presuntamente censurar e imponer criterios ideológicos en la selección de las obras –de cualquier disciplina– que se exponían o mostraban en los espacios del ayuntamiento.

A Patricia Sánchez, quien dirigió el instituto por los tres años que duró la administración riverista, se le acusó de conservadurismo y censura porque decidió retirar piezas de exposiciones de arte contemporáneo cuando no lo parecían atractivas, ignorando el trabajo del artista y el discurso curatorial de las muestras u obras teatrales.

Foto: Ámbar Barrera
Foto: Ámbar Barrera

Por ello resulta sumamente simbólico que al cambiar de administración, y al quedar al frente del IMACP la editora y docente de filosofía Anel Nochebuena, la dependencia municipal iniciara su trabajo con una exposición en la que el arte contemporáneo era el centro de atención. En aquella ocasión, luego de que una performancera se tirara en el piso a la entrada de la galería del Palacio Municipal, Michael López Murillo, entonces recién nombrado curador de exposiciones del IMACP, adelantó que las galerías municipales se centrarían en exponer arte contemporáneo, y criticó “los tres años de oscurantismo” anteriores.

Desde entonces, el IMACP ha actuado conforme a la advertencia. Sus salas de exposición han abierto sus puertas al arte conceptual y a artistas locales. Incluso, fue el IMACP el encargado de organizar la primera bienal en América Latina dedicada exclusivamente al videoarte, una disciplina poco explotada en tierras locales, y de la cual resultó ganadora la documentalista Gabriela Domínguez Ruvalcaba.

Sin embargo, todo ello ha dejado el espacio sumamente reducido para los artistas que trabajan en técnicas tradicionales, como la pintura y el grabado.

La efímera rebelión de artistas

En marzo, poco después de la polémica que causó entre el circuito de arte local la clausura de la galería Ángeles Espinosa Yglesias, un grupo de artistas redactó una carta con la que exigieron al gobierno del estado aclarar el proyecto cultural en Puebla y buscó recaudar las firmas durante la inauguración de una expo colectiva de grabado en el Museo Taller Erasto Cortés.

El Mutec, un espacio donde los artistas pueden hacer uso de un taller de grabado, con el que usualmente no cuentan de manera personal, así como la fototeca Juan Crisóstomo Méndez, ubicada al cruzar la calle, se encontraban entonces en el ojo del huracán ante una serie de rumores que les auguraban el mismo destino que la galería Ángeles Espinosa Yglesias: la desaparición.

En efecto, ambos espacios llevaban varios meses sin presentar exposiciones u otro evento que hiciera algún tipo de eco mediático, lo que acrecentó las dudas alrededor de las versiones que aseguraban que el CECAP los cerraría.

Aunado a lo anterior, el último día de marzo Lado B publicó que el CECAP operaba sin un plan de trabajo anual, pues dicho documento no se encontraba disponible ni en su página de transparencia ni fue entregado a este portal tras una solicitud de información.

Aquello coincidía con la aparente falta de visión y proyecto que el titular de la dependencia, Jorge Alberto Lozoya, había manifestado en algunas de las pocas entrevistas que concedió a la prensa.

Poco después de asumir dicho puesto, tras un breve paso por la Secretaría de Educación Pública estatal, Lozoya declaró a La Jornada de Oriente que daría continuidad “a este programa engarzado en las prioridades de Rafael Moreno Valle que ve a la cultura como una fuente de ingreso, de modo de vida, de vivir bien”.

De hecho, Lozoya es el tercer secretario ejecutivo del CECAP desde que inició la administración de Rafael Moreno Valle, luego de las renuncias de Saúl Juárez Vega y Moisés Rosas Silva, quienes ahora ocupan puestos federales en la administración pública cultural.

La percepción de que las instituciones culturales son utilizadas por los funcionarios como un escalón para apoyarse y subir a otra, y de la falta de compromiso para llevar un proyecto cultural hasta el final, sin abandonarlo tras un año de trabajo, es lo que diversos gestores culturales traducen como una falta de continuidad en los proyectos y un desdén por las escenas culturales independientes, tal como este portal lo ha documentado en otras ocasiones.

Foto: Diana Magaña
Foto: Diana Magaña

El año está por terminar y ni la fototeca Juan C. Méndez ni el Mutec han cerrado sus puertas, como ha principios de año se auguraba… al menos no todavía. Sí hay que decir que estos lugares sólo ven la luz cuando algún grupo independiente los toma. Lo más trascendente que hizo la fototeca durante el año, por ejemplo, fueron las exposiciones del colectivo La Pesera y la organizada para recrear los primeros 30 años del movimiento LGBT en Puebla.

Y la rebelión de los artistas se diluyó cuando el gobierno estatal publicó al fin la convocatoria para obtener becas como parte del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Puebla.

Mientras tanto, la independencia

Si bien existen casos de sinergias positivas entre instituciones oficiales y colectivos independientes, como es el caso de la relación que han generado el colectivo La 15 y el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, los ejemplos de gestores y artistas que prefieren tener acercamientos discretos o reservados con el Estado son los más prominentes.

En octubre, Lado B publicó un reportaje en el que documentó la situación del teatro independiente en la ciudad a través de las voces de los directores de tres de los foros teatrales más conocidos en la ciudad: Tetiem, el teatro Melpómene y el foro Las Nahualas del colectivo El Taller AC.

Tomada de: facebook.com/pages/centro-para-las-artes-TETIEM-AC
Tomada de: facebook.com/pages/centro-para-las-artes-TETIEM-AC

Las opiniones de los teatristas coincidían en algo: que los últimos gobiernos, carentes de una visión de cultura, han significado no sólo una falta de apoyo, sino en ocasiones un obstáculo para que el trabajo de las compañías independientes se desarrolle con plenitud. Los festivales internacionales, lejos de incentivar públicos, crean audiencias pasivas que el resto del año se rehusarán a pagar la entrada de una función teatral a una compañía que ofrece una puesta en escena de producción modesta.

El trabajo desde la independencia, no obstante, es un modelo que muchos prefieren seguir, no sólo en el teatro sino en el resto de las disciplinas. De ello hay muchos ejemplos este año.

Galerías como ZonAutónoma o Casa Nueve (en Cholula), librerías como Etcétera o espacios político-culturales como el Corazón del Barrio y el foro del colectivo Acción Directa Autogestiva continúan concentrando, en muchas ocasiones, lo más interesante de las propuestas artísticas y culturales de la ciudad.

Y en medio de ambos mundos están también los espacios de financiamiento privado que, sin embargo, ya han logrado consolidarse y pueden trabajar con mayor holgura, como la librería Profética, que ofrece una buena parte de la oferta literaria en la ciudad, o el Museo Amparo, que este año fue sede de algunas de las exposiciones más ambiciosas y mejor logradas del año.

En el terreno de lo editorial ocurre lo mismo: la independencia es el lugar donde a nivel local se continúan haciendo los experimentos más interesantes. Ejemplos basten dos: Ediciones Ají, proyecto iniciado este año que ha editado ya tres libros de poesía, y CabezaPrusia, un proyecto editorial que rechaza incluso cualquier aspiración comercial y que ha preferido publicar textos raros y poco conocidos que gustan a los editores.

El año que está por venir

Sería difícil adelantar lo que veremos el próximo año en materia de arte y cultura en Puebla. Posiblemente de lo que estaremos hablando mucho es del Museo Internacional Barroco, el proyecto del gobierno estatal que ha dado ya tanto de que hablar pese a que la información en torno al mismo se ha dado aún a cuentagotas. O quizá estaremos hablando de lo mismo: de la tensa relación entre las instituciones públicas y los colectivos, de la aparición y desaparición de foros, de la falta de públicos y políticas, de las renuncias de funcionarios, de la proliferación de festivales de cine, de todo eso, o quizá no, estamos por saberlo.

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