La urgencia de lo esencial

La urgencia de lo esencial

Martín López Calva

@M_Lopezcalva 

“La obligación de sacrificar lo esencial por lo urgente…resulta en la necesidad de olvidar la urgencia de lo esencial…”

Edgar Morin. La ética. Pp. 81-82

El mundo en que hoy vivimos está empeñado en una carrera frenética hacia ninguna parte. Vivimos de prisa en un sistema en el que la prisa por producir debida a la prisa por consumir a causa de lo que desechamos casi sin usar, también de prisa, es el resultado de la obsolescencia programada, es decir, de la cuidadosa planificación de la producción de cosas que no duren para generar artificialmente la prisa por esta cadena de producción y consumo.

Vivimos de prisa en un mundo en el que el tiempo se nos vienen encima quitándonos toda posibilidad de reflexionar, de hacer una pausa entre actividad y actividad, de detenernos a pensar en el sentido y la finalidad de lo que hacemos y de lo que somos.

Lo plantea muy bien Milan Kundera en su novela La lentitud. La vida moderna –o posmoderna- se desarrolla en un escenario de alta velocidad porque nos da miedo lo lento y mucho más la quietud. La lentitud implica enfrentarnos a nosotros mismos, tener que pensar, distinguir, valorar antes de actuar.

El mundo que nos toca vivir, el escenario en el que nos toca educar se caracteriza por la obligación de sacrificar lo esencial por lo urgente, como afirma Edgar Morin.

De este modo, educamos para lo urgente: resolver problemas prácticos, desarrollar habilidades para incorporarse al mercado laboral, conocer lenguajes y técnicas aplicables a diversas situaciones, recibir órdenes y ejecutar tareas con mayor o menor complejidad pero sin reflexión profunda, con eficiencia pero sin mucha consciencia.

El sistema educativo en su conjunto se orienta hacia la solución de asuntos “urgentes”: planear el Consejo Técnico Escolar del mes, organizar los concursos o ceremonias cívicas del momento, responder un oficio, hacer un oficio para solicitar que se haga un oficio, preparar la junta de la semana, etc.

De este modo, la educación de los niños y jóvenes atiende lo urgente sacrificando lo esencial y con ello contribuye a que todos olvidemos la urgencia de lo que es esencial, que ha sido planteado de manera recurrente por los grandes pedagogos de la historia. Retomemos como ejemplo algunas formulaciones del gran pedagogo brasileño Paulo Freire:

Lo esencial de enseñar a los niños y jóvenes a decir “…la palabra verdadera para poder contribuir a la transformación del mundo…” o al menos de su pequeño mundo.

Para lograr la muy necesaria reforma de la sociedad de la prisa y cambiar esta vida que nos obliga a resolver lo urgente, resulta indispensable que la educación vuelva a priorizar la urgencia de lo esencial y oriente todos sus esfuerzos hacia ello.

Lo esencial de decir que “…los hombres son personas y como personas son libres…” y actuar en consecuencia, es decir, trabajando para poner las condiciones para el ejercicio de esa libertad efectiva en el aula, en el patio escolar, en la institución y en la sociedad toda. Porque “…no hacer nada para lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa”.

Lo esencial de hacer realidad en la escuela la distinción entre el hombre y el mundo. Porque “…el hombre es hombre, y el mundo es mundo, y “…en la medida en que ambos se encuentran en una relación permanente, el hombre transformando al mundo sufre los efectos de su propia transformación…” La educación tiene una tarea fundamental en promover la consciencia de esta distinción y el compromiso con esta relación sana entre el ser humano y la naturaleza, na relación basada en la doble condición humana de arraigo-desarraigo del mundo natural.

Lo esencial de crear consciencia clara de que “…el estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre….Porque…estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas. La educación tiene que entender la urgencia de este elemento esencial para poder formar a los futuros ciudadanos que requiere este país. Ciudadanos capaces de crear y recrear ideas y no solamente de recibirlas, consumirlas pasivamente, memorizarlas y repetirlas. Ciudadanos proactivos, críticos, creativos e innovadores de las estructuras caducas que hoy prevalecen en el entramado institucional de este sistema en creciente descomposición.

La tarea esencial de enseñar con rigor y profundidad los conocimientos propios de la ciencia y la tecnología pero con una visión clara de que ambas deben estar orientadas hacia la humanización de los seres humanos, hacia la construcción de sociedades más justas y pacíficas.

Estas tareas esenciales, que se requieren con urgencia pero están olvidadas por la obligación de atender las urgencias implican un cambio radical en la docencia, un cambio sustentado en otras líneas esenciales para el cambio educativo como son los principios relativos a que:

 “-Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos”, respeto que parte del reconocimiento de que son personas inteligentes y capaces.

-“Enseñar exige la corporización de las palabras por el ejemplo”, porque de nada sirve el discurso vacío. Los educandos creen en el testimonio y aprenden de la consistencia entre el decir y el hacer de los profesores.

-“Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando”, respeto por el alumno como sujeto y no como objeto, como persona que es capaz de tomar sus propias decisiones y orientar su vida de acuerdo a un proyecto libremente construido.

-“Enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad”, enseñar requiere de una actitud de formación y actualización permanentes, de construcción continua de una profesionalidad eficiente y ética, de una generosidad que piensa siempre como criterio rector en el bien del educando y no en el propio beneficio.

-“Enseñar exige saber escuchar” y no solamente saber hablar. Enseñar exige poner atención a los planteamientos, ideas, preguntas y críticas de los educandos sobre lo que se está aprendiendo. Enseñar exige una capacidad de silencio respetuoso por parte del docente cuando promueve la expresión de las ideas de los estudiantes.

La educación produce la sociedad que la produce, es decir, el sistema educativo es capaz no solamente de reproducir la sociedad que le da sustento y la define sino también de regenerar las estructuras sociales en las que se enmarca.

Para lograr la muy necesaria reforma de la sociedad de la prisa y cambiar esta vida que nos obliga a resolver lo urgente, resulta indispensable que la educación vuelva a priorizar la urgencia de lo esencial y oriente todos sus esfuerzos hacia ello.

Relativizar lo urgente sin dejar de atenderlo pero priorizando la urgencia de lo esencial. Este es el imperativo de la educación en el mundo de la prisa en la que como decía Cardoza y Aragón: “Para llegar a tiempo a ningún lado, apretamos el paso”.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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