Marlene Martínez

@Qu3tzal

En la casa de Judith hay un cuarto grande que se convirtió en un santuario para esperar su llegada. Su foto está junto a veladoras, rosarios, flores e imágenes de la Virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo. Al entrar, sus familiares se persignan. Foto: Marlene Martínez
En la casa de Judith hay un cuarto grande que se convirtió en un santuario para esperar su llegada. Su foto está junto a veladoras, rosarios, flores e imágenes de la Virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo. Al entrar, sus familiares se persignan.
Foto: Marlene Martínez
Las hermanas de Judith cuentan que ella era muy alegre y siempre les daba ánimos. En la ventana de su recámara colgó una manta con un mensaje de esperanza: “no te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, quitar los escombros y destapar el cielo”. Foto: Marlene Martínez
Las hermanas de Judith cuentan que ella era muy alegre y siempre les daba ánimos. En la ventana de su recámara colgó una manta con un mensaje de esperanza: “no te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, quitar los escombros y destapar el cielo”.
Foto: Marlene Martínez
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Judith tiene cinco hermanos mayores –tres mujeres y dos hombres– y es la tía consentida de sus más de ocho sobrinos. En su cuarto pinto las manos de todos. Su mamá, Doña Felipa, que vende nopales en el mercado, no duerme bien desde que su hija menor desapareció hace más de dos meses. Foto: Marlene Martínez
A principios de 2014 Judith Coatl Cuaya se graduó como licenciada en psicología del Instituto Carl Rogers. Pagó sus estudios con su trabajo como empleada doméstica y ahora quiere estudiar inglés. Antes de desaparecer estaba buscando escuelas de idiomas.  Foto: Marlene Martínez
A principios de 2014 Judith Coatl Cuaya se graduó como licenciada en psicología del Instituto Carl Rogers. Pagó sus estudios con su trabajo como empleada doméstica y ahora quiere estudiar inglés. Antes de desaparecer estaba buscando escuelas de idiomas.
Foto: Marlene Martínez
El jueves 20 de mayo a las 11 de la noche su amigo y vecino Gerardo Juárez llegó por ella. Judith, que todavía tenía 26 años, le dijo a su mamá, Doña Feli, que iba a tomar un café “aquí al pueblo”, en la Junta Auxiliar de San Bernardino Tlaxcalancingo, San Andrés Cholula, y que el mismo muchacho la regresaba. Doña Feli los vio irse en una camioneta guinda y sigue esperando que aparezca su hija menor. Foto: Marlene Martínez
El jueves 20 de mayo a las 11 de la noche su amigo y vecino Gerardo Juárez llegó por ella. Judith, que todavía tenía 26 años, le dijo a su mamá, Doña Feli, que iba a tomar un café “aquí al pueblo”, en la Junta Auxiliar de San Bernardino Tlaxcalancingo, San Andrés Cholula, y que el mismo muchacho la regresaba. Doña Feli los vio irse en una camioneta guinda y sigue esperando que aparezca su hija menor.
Foto: Marlene Martínez
Aquí puede saber más sobre la historia de Judith Coatl Cuaya

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