Aarón Enríquez

 

Todo cuanto sucede en Enogea quizá no tiene sentido. Son el tipo de situaciones que transcurren en un mundo cuyo creador parece encerrado en una casa de locos.

La premisa que nos hace José El Solitario es que a estas alturas de su vida solamente se dedica a dormir y a soñar; cuando está despierto no puede más que transcribir lo que sucede dentro de sus sueños y es justamente este ejercicio onírico-literario lo que engendra un universo paralelo al nuestro, lleno de historias increíbles, como el nuestro, pero que sólo suceden gracias a la imperiosa necesidad que tiene de plasmar en letras, lo que sus ojos ven mientras él duerme.

El espejo del solitario, de Víctor Roberto Carrancá (Ficticia 2014), recopila una serie de cuentos que se entrelazan en este microuniverso paralelo llamado Enogea. La paranoia de quedarte atrapado entre las páginas de un libro, o acaso descubrir que tu mundo podría no ser más que el producto de la imaginación de algún creador -escritor loco- que en cualquier momento puede acabar contigo. Un pretexto fantástico-literario con tintes de Alicia en el país de las maravillas, para empalmar con cierto tufo de humor, casi burlón, nuestro mundo real con el sin sentido; es decir, una serie de espirales viciosas tan interminables como la imaginación literaria.

Platicamos con el autor sobre José el Solitario, la paranoia, e incluso la cerveza artesanal.

¿Qué es Enogea? ¿Pensaste en algún lugar en específico al crearla?

–Se trata de un mundo completamente imaginario. Desde muy joven empezaba a creer que cuando uno abría un libro, pues abría como unas puertas hacia otros mundos que tenían vida propia y en que estos textos tenían lugares fantásticos, lugares reales en donde se desarrollaban como una especie de vidas paralelas que inclusive podían existir independientemente de sus personajes. Entonces en realidad todo esta obra se trata de uno de estos mundos; en realidad todos estos conceptos que van surgiendo y que inclusive al final se muestran en un glosario, son como la especie de espejismos que tienen los personajes acerca de nuestra realidad; es decir, todo lo que empieza a generarse en este mundo que tiene contactos con el nuestro a través de la escritura de los libros, por eso utilicé esta especie de glosario sobre términos de nuestro lugar, que en todo caso para este libro es un lugar sin sentido y por eso en algún lenguaje interno del libro se llama Enogea, que significa el lugar sin sentido. Y esa digamos que es nuestra realidad, para efectos del libro nosotros somos la Enogea.

–José El Solitario escribe que en algún sueño va a este lugar, nuestra realidad, y descubre que, por ejemplo, hay una lluvia de ranas, peces, batracios y otro tipo de anfibios, cuando en verdad lo que está soñando es El Libro de los Condenados, de Charles Fort, donde habla que en la tierra en realidad suceden este tipo de fenómenos y ha dado mucho tema de especulación para este tipo de temas paracientíficos, que acaparan la atención de los que ahora son los forteanos y los escépticos, que tratan de ver todos estos fenómenos paranormales, estudiarlos y compararlos, es como nuestro mundo termina por verse distorsionado en el filtro de esta ficción interna del libro y de este personaje que es José El Solitario.

En el libro se pueden encontrar diversos temas -como por ejemplo las sirenas o el béisbol-, me gustaría saber, ¿qué tanto hay del autor?

–Siempre hay de todo, inclusive los temores de uno siempre pueden como proyectarse en la creación literaria y por supuesto algunas experiencias personales. Ahorita se me ocurre el temor a ver que ciertos personajes pueden quedarse atrapados en un libro, y en ese caso creo que varios de los cuentos tratan de lidiar con esta paranoia, esta angustia quizá existencial que es descubrir que uno se vea adentro de un libro. A lo mejor las cuestiones como el béisbol tratan de ser el reflejo de una cultura alternativa que en realidad crece a raíz de fenómenos auditivos, que vienen de estaciones de radio captadas, que vienen en realidad de nuestro mundo, y que se les empieza a dar una interpretación completamente religiosa, entonces el béisbol empieza a convertirse en una religión antes que en un deporte. Y digamos que este tipo de paralelismos tratan de ubicar en algún momento los temores. Hay algunos que rayan un poquito en el horror y que pueden despertar ciertos aspectos infantiles que por ahí uno pudiera llegar a sentir, como otro tipo de inquietudes. Hay por ahí uno que trata de un asesino que mata en la imaginación, no lo hace en un plano real, es decir en la realidad interna del libro y eso es un tema tan delicado y de alguna manera genera esta reflexión ahí sobre la violencia y sobre la misoginia y de muchas otras cosas, inclusive con este aspecto tétrico que puede llegar a ser un sentido que se empata con nuestra realidad justamente en ese aspecto.

El lector encontrará en el libro un manifiesto visceralista. ¿Tiene algún vínculo con Roberto Bolaño, o con Los detectives salvajes?

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–Más bien el manifiesto en el libro es una especie de vanguardia alternativa que podía surgir como en una dimensión paralela, pensé en muchas de las vanguardias que trataban de enaltecer esta parte sentimental de las cuestiones literarias, inclusive el surrealismo que trata de los sueños. Entonces dije, bueno, qué pasaría si existiera una vanguardia que trata de decir que todo viene de fenómenos estomacales, y lo que es interesante son el tipo de palabras incomprensibles que surgen a partir de este experimento gastrointestinal: palabras como Kafka, Freud o Robespierre, en realidad no tienen sentido en el mundo interno del libro pero lo tienen para nosotros y entonces es cuando entra este espejo, para ellos es solamente un ensayo gutural mientras para nosotros termina por ser algo que ya conocemos, esto tiene otro sentido si se lee desde otra perspectiva que es la perspectiva externa del libro.

¿Hay un interés surgido recientemente por la literatura fantástica en las editoriales emergentes o independientes?

–Es una problemática para los autores noveles que buscan esa primera publicación; es un camino un poco largo de andar. Uno suele procurar acudir a las editoriales de más renombre porque siente que el libro puede perderse en un limbo que es el del consumo, que además atiende a varios factores, pero bueno, es comprensible que también varía el gusto y más en materia de géneros y subgéneros que ni siquiera encuentran puertas o una puerta tan amplia. En el caso de la literatura fantástica siento que las puertas cada vez se van cerrando; sin embargo, afortunadamente siento que el fenómeno editorial emergente llega a ser un poquito como la cerveza artesanal ¿no?, sabemos que existe el canon de la cerveza y lo que siempre uno consume en restaurantes, pero empieza a haber un antojo por probar cosas alternativas y llegar a un lugar y decir, bueno ya no quiero lo mismo, a ver qué más existe. Y esto es lo que creo que empieza a llamar la atención, tanto en escritores como en lectores.

Mencionaste la palabra canon, ¿tienes algún canon personal?

–A mí siempre me ha gustado mucho la ciencia ficción y la literatura fantástica, es un género que tiene ya grandes expositores en México, inclusive varios de mis maestros que me despertaron este morbo por el género y subgénero como Alberto Chimal, Ricardo Bernal, José Luis Zárate; que por lo menos he intentado dejarme influenciar un poquito por su literatura. Creo que siempre es válido que uno considere tanto lo que existe en canon, que es inclusive un canon dentro de un género que de por sí es marginado, y por supuesto los autores menos conocidos, y ahí hay innumerables jóvenes también en estos géneros y subgéneros que vale la pena empezar a leer, porque uno también se transforma leyendo fantasía y en México hay escritores excesivamente admirables.

Hablas sobre los autores mexicanos que te despertaron un primer gusto por la literatura fantástica, ¿qué tanto crees que exploras en este libro más allá del propio género, o de los subgéneros que ellos ya exploraron?

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–Yo creo que hablar de géneros en esta época es muy complicado, sobre todo en la literatura de ciencia ficción, se han creado tantos híbridos y sobre todo cuando en países latinoamericanos, en México por ejemplo, ya no existen escuelas definidas, lo que termina por pasar es que llegan a mezclarse todos los géneros y subgéneros de manera que todo es un híbrido; es un pulpo inmenso con miles de tentáculos en donde ya no es permisible ni creo que para los autores sea tan satisfactorio encasillar su obra. Yo creo que todos los autores escribimos más allá; salvo que alguno se sujete de manera muy estricta a una escuela o un modelo, que llega a suceder, pero  lejos de eso creo que siempre uno trata de escribir más allá de los géneros, construir y a partir de ahí que la crítica los vaya encajonando en uno u otro lado, pues ya será cuestión de ellos.

Me llamó la atención que hicieras la analogía de la literatura fantástica con la cerveza artesanal, ¿qué tanto hay de esta experimentación casi alquímica, propia del artesano de la cerveza, en tu exploración literaria?

–No produzco cerveza artesanal pero sé que lo que busca el artesano al final es lograr sacar un sabor original que le dé cierto matiz propio para que uno identifique la cerveza y diga: bueno esto tiene un poco de anís o de mezcal, puede saber un poco a miel, a café más que otra cosa, a chocolate. Y siento que la literatura puede llegar a ser eso, el autor mezcla una serie de elementos básicos, elementos que ya existen y al final termina por hacer una producción bizarra que trata de contrariar el estilo que ya existe desde antes y que a lo mejor uno tiene encasillado, como en el caso de la cerveza, con el modelo comercial que todos conocemos, entonces cuando empiezan a generarse todas estas facetas de una producción totalmente subversiva, marginada y a la vez alterna, pues sí creo que uno trata de buscar esa originalidad y con ello explicar, bueno, ¿por qué yo estoy dando esto?, ¿por qué quiero que el público pruebe esto?, yo creo que es más o menos el mismo proceso.

Por último, ¿cómo fue tu acercamiento con el sello Ficticia?

–Hace mucho tiempo, en 2009, tuve un cuentillo que se publicó en la antología Estación Central Bis en la que hicieron una especie de recopilación de varios cuentos de autores que hablaban sobre el centro histórico de la Ciudad de México a partir de un concurso para seleccionar dos cuentos que no fueran por invitación. Yo llevaba poco tiempo en el mundo de las letras, pero afortunadamente el cuento salió seleccionado y de ahí fue que tuve oportunidad de conocer a Ficticia. Ya residiendo en la ciudad de Puebla, me acerqué al Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, presenté el proyecto y justamente ellos estaban iniciando co-ediciones con varias editoriales, entre ellas Ficticia, y les gustó el proyecto, así surgió la publicación de El espejo del solitario.

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