Cómo se tradujo El principito al hñahñu

12 agosto, 2013 | 0 Comments

Josué Cantorán Viramontes

@josuedcv

Hay quienes dicen que traducir es traicionar, que al trasladar un texto literario de una lengua a otra se perderán las sutilezas del original, los juegos de palabras, algunas metáforas y más de una minucia intraducible.

Por eso el trabajo del traductor no inicia al traducir el primer párrafo palabra por palabra, sino mucho antes, al leer por primera vez el texto y al releerlo cuantas veces sea necesario para aprehender su sentido completo, sus mensajes ocultos, e intentar que nada se quede, como otros dicen, “perdido en la traducción”.

No es tarea fácil, menos aun cuando se trata de dos lenguas tan distantes que no guardan relación alguna, como le ocurrió a Raymundo Isidro Alavez, quien tradujo el clásico El principito de Antoine de Saint-Exupéry del francés al hñahñu, una lengua indígena que tiene en el Bajío mexicano y sus alrededores a cerca de 250 mil hablantes y pertenece al complejo lingüístico conocido como otomí.

Cortesía Imacp

Cortesía Imacp

Isidro Alavez debió leer el texto original en francés y las diferentes versiones en español para contrastarlas y compararlas, pero también leyó otras obras del mismo autor para familiarizarse con su estilo y con su visión literaria.

Después inició la traducción y cada vez que se “atoró” en una palabra la buscó en el diccionario de la RAE, indagó en su origen etimológico y buscó la forma más idónea para expresar la misma idea en hñahñu.

–A veces un término, al emplearlo en determinados aspectos, pierde su sentido. Entonces tuve que revisarlo y primeramente busco sinónimos, de lo contrario busco la (palabra) que más se apegue de acuerdo a lo que se quiere decir –explicó el traductor a Lado B tras presentar su trabajo en el 3er Festival de la Lectura y la Poesía, organizado por el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP).

A decir del traductor, el vocabulario del hñahñu es limitado, por lo que tuvo que usar palabras provenientes de otras variantes dialectales del otomí, con la finalidad también de enriquecer el bagaje léxico de sus lectores, pues “yo no soy partidario de segregar una variante, sino de aglutinarlas en una misma”.

Pero hubo palabras aún más difíciles, como “asteroide”, la cual se remplazó con la construcción “t’uka feta tso”, que se traduciría literalmente como “pequeña imitación de estrella”.

–Otro término, por cierto, que ya he comentado, es el de “planeta”. En el diccionario de la Real Academia dice que viene de la palabra griega que significa “estrella errante”, pero hoy conocemos que es una estrella, efectivamente, pero no es errante, simplemente se rige bajo una órbita. Entonces en ese caso yo lo puse: “y’o ñ’u tso”.

“Y’o”, cuyo apóstrofe representa un complicado sonido aspirado inexistente en español, significa “borrego” o “perro”, dependiendo de la región. “Ñ’u” significa camino y “tso” estrella, por lo que la frase completa se entendería algo así como “estrella que sigue un camino”.

Antes de pasar al proceso de edición e impresión, que corrió a cargo de diversas instituciones públicas tanto de México como de Francia, la traducción de Isidro Alavez fue dictaminada por siete académicos especializados en lenguas otomíes, cuatro de ellos extranjeros.

Y además de eso, el traductor mostró el trabajo final a hablantes del hñahñu de diversas regiones, quienes también dieron su visto bueno.

Cortesía Imacp

Cortesía Imacp

Traducir a lengua indígena, ¿para quién?

El libro de Raymundo Isidro Alavez tuvo un reducido tiraje de 2 mil ejemplares que pueden adquirirse exclusivamente en las presentaciones del mismo, pues no ha sido distribuido en librerías comerciales.

Ha tenido buena venta, según indica el propio traductor, pero sobre todo de personas extranjeras y coleccionistas literarios que van en busca de ediciones especiales y poco conocidas de clásicos de la literatura.

Pero su intención de traducir es otra. Como fue el caso de su primera traducción, La visión de los vencidos de Miguel León Portilla, la cual realizó para que los indígenas hñahñus comprendieran el legado histórico y cultural de la etnia a la que pertenecen.

–Los hñahñus fueron los primeros que se enfrentaron al europeo. Les fue mal, porque no es lo mismo enfrentarse con flechas, con lanzas, que con arcabuces, pero lo que cuenta es la valentía. En el mismo ejército mexica también hubo una jerarquía de los otomíes, que eran los de avanzada. Entonces este libro tiene su razón psicológica para decirles a los hñahñus: no estén acomplejados, pertenecen a una herencia y tienen historia.

En el caso de El principito, el traductor espera que el libro pueda llegar a manos de niños cuya lengua materna es el hñahñu. Una organización llamada Consejo Superior Hñahñu gestiona con la Embajada francesa apoyos para distribuir el libro entre dicho público, aunque el propio Isidro Alavez desconoce “cómo van los acuerdos”.

El traductor ha publicado recientemente también una traducción de El llano en llamas, la cual coincide con el sexagésimo aniversario de la publicación del libro de Juan Rulfo y se presenta como una versión bilingüe editada por la Facultad de Estudios Superiores de la UNAM.

También ha finalizado ya la versión en hñahñu de Aura de Carlos Fuentes, busca financiamiento para presentar una edición infantil de El Quijote y se prepara para otro gran reto en su carrera: traducir poesía.

–Me cuesta un poquito más de trabajo porque generalmente son términos más difíciles. Pero para mí es un reto porque una vez escuché, por cierto en labios de un extranjero, un griego que es poeta, que la poesía no se puede traducir. Y me dije: “voy a intentar”.

En tanto, Isidro Alavez continúa dando clases de su lengua materna en el Centro de Enseñanza de Idiomas de la Facultad de Estudios Superiores de la UNAM, plantel Acatlán, escribiendo su columna semanal en el diario Síntesis Hidalgo y asistiendo a congresos de traductores literarios con el fin de prepararse para sus próximos proyectos.

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Tema: Cultura

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