El chayote

22 abril, 2013 | 0 Comments

Chayote

Kristian Antonio Cerino*

@KristianCerino

El chayote es una verdura milenaria. La cultivaron aztecas y mayas, y la reprodujeron por toda Mesoamérica. Es, lean bien, “un suplemento alimenticio” de “gran” importancia.

Posee, es preciso mencionarlo, energía, grasa, carbohidratos, calcio, fosforo, hierro y tiamina. Es “alto en fibra”, “bajo en calorías” y “sin colesterol”.

El chayote posee 90% de agua y 2% de proteínas. Es una de las pocas plantas que se comen en su totalidad (fruto, hojas, ramas y raíz), a la que llaman “papa dietética”.

El Chayote, comida preferida de los ancianos y más de los niños (como a mi hijo Diego), es fundamental en el cuadro nutricional del ser humano. Es verde para asemejarse a la esperanza. Es una “calabaza espinosa” (chayotli en náhuatl) y otras ya nacen sin ellas. Es, sigamos leyendo con atención, una “planta trepadora” que pesa unos 50 gramos. Es la verdura con más nombres en la región: chayota (por si es mujer), tayota, güisquil, guatilla, xuxu, chuchu, cocoro, perulero, pataste, papa del pobre y papa del aire.

En México, es chayo, el diminutivo (o la abreviación) de chayote. Así lo aprendí en mis clases de periodismo. Escuché hablar del chayo en los círculos periodísticos y vi con los ojos bien abiertos el proceso o protocolo para recibir el chayo. Chayo igual al pago del político, empresario y directivo, o de un cualquiera con dinero, para destacar “lo bueno de ellos” en la prensa.

Ahora que el gobierno opositor de Arturo Núñez (en Tabasco, México), a través de su portavoz Dolores Gutiérrez, dijo que no habrá “chayo” para los periodistas tabasqueños, porque nunca lo ha dado, me puse a pensar en la degradación del concepto chayote o calabaza espinosa.

Lejos de pensar en repartir “chayotes” a los periodistas, Gutiérrez precisó que habrá un “respeto irrestricto a la libertad de expresión”, porque en este gobierno “la línea es que no (hay) línea”. Y acotó: “que publiquen lo que quieran, lo que les convenga, aunque sea en contra”.

—¿Se acabó el chayote? le preguntó Emmanuel Sibilla, periodista de radio, a Gutiérrez.

—Yo nunca he dado chayote.

Luego de lo anterior, sólo agregaré:

El chayote se seguirá dando (con espinas o sin ellas) en efectivo, cheque o facturado. No hay que olvidar: es una verdura milenaria. Decía el ex presidente José López Portillo “no pago para que me peguen”. Y si no se paga vendrán los disparos contra el gobierno hasta que el periodista logre el pago y el retroactivo como ha sucedido con varios diarios tabasqueños de mayor circulación.

Pero si Núñez cumple su palabra de erradicar el chayo, le felicitaré sólo el 31 de diciembre de 2018, el último día de su gestión.

El chayo se ha multiplicado por todo el mundo, pero es en América Latina donde ha hecho millonarios a muchos. Si en Tabasco existen políticos por cada metro cuadrado, es uno de los estados (de provincia) con más periódicos o semanarios por metro cuadrado. Roberto Madrazo, ex gobernador y promotor del chayo, compró muchas hectáreas y periodistas para sembrar más chayo.

Así como hay excepciones de periodistas ejemplares, la mayoría ha recibido chayo (de la derecha como de la izquierda)Por eso el chayo es un suplemento alimenticio porque es la compensación que no se recibirá en el medio para el que trabaja el periodista. Es bueno recordar que la “mala paga” en los medios empuja a los periodistas a la tentación por el chayo. Es alto en fibra (porque con él se compran casas y autos, vinos y mujeres) y bajo en calorías porque con facilidad se evade al fisco. Bajo en riesgo.

Si el chayote posee 90% de agua, el chayo también, y así como llega se va, circula como la misma agua que contiene. El chayo se come (lo comen) en su totalidad. Nada se desperdicia. Por eso cuando se recibe, se le extraña –me dijo un periodista tabasqueño- los días 15 o 30 de cada mes. Y cuando llega es un calcio y un fosforo que absorbe el cuerpo como un acto orgásmico.

Si el chayote produce energía, sin el chayo se genera tristeza, crisis nerviosas, depresión, intentos de suicidios, alcoholismo, mentaderas de madre y maldiciones en contra de quien no lo da. Es verde como la esperanza de que llegará. Es espinoso pero el periodista saca un cuchillo y le quita las espinas para que no se haga daño. Podríamos decir que las espinas son las ligas, grapas o sobres donde se recibe el chayo. Unos reciben unos cuantos pesos, y otros grandes depósitos. Aparentemente no se manchan las manos porque -como algunos dicen- sólo debe consultarse el saldo en un cajero bancario.

Es, ya dije, una planta trepadora. El chayo se extiende entre un gran sembradío y llega a los rincones más apartados de las redacciones.

Se enreda como la calabaza y después se echa en la espera de agua, de dinero, para seguir viviendo. El chayote vive colgado como viven o han vivido muchos periodistas que ahora ven que el chayo podría agotarse o extinguirse. Pero saben que si el chayo no les llega desde el gobierno estatal habrá refugio en los municipales o en las delegaciones.

“Con mi boletín y sin mi chayo -decía con tono de broma un periodista que ya murió- como que no me hallo”. Y vaya que sí es cierto. A muchos la escasez de agua para regar el chayo ya los está matando, ojalá de sequía, no. Si no de incertidumbre.

*Periodista tabasqueño, fundador junto con Víctor Ulín y Ángel Valdivieso del sitio Aguila o Sol, el texto se publicó originalmente en ese portal tabasqueño.

AguilaoSol

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Tema: De periodista a periodista

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