Mis lecturas mexicanas 2012

Mis lecturas mexicanas 2012

Jaime Mesa*

@jmesa77

Siempre son más los libros que se apilan en el transcurso del año que los que finalmente leo. Es, creo, una condición del lector, al menos de un lector caótico como yo.

Sin embargo, aquí están algunos de los libros mexicanos que aparecieron durante 2012 y que a pesar del trabajo, la vida diaria, el Xbox, las series de televisión, o ellos mismos, no pude dejar de leer una vez empezados. Todos, por una u otra cosa, son sobresalientes. El orden en el que aparecen es el orden en que los fui leyendo.

El sabor de boca que tengo luego de hacer este repaso es que 2012 fue un año extraordinario para las letras mexicanas, tenía mucho que no ocurría algo así. Es decir, en años anteriores suelen aparecer dos, tres libros importantes (por los límites que traspasaron, por las ideas o emociones que propusieron, por la apertura o cierre de ciclos, etc.) pero este año me hace pensar que, además de importantes debuts (Daniel Espartaco en novela, y Raquel Castro), otros autores dieron un “Do de pecho” con obras sobresalientes que, creo, nos rondarán 2013 y durante mucho tiempo: Julián Herbert, Isaí Moreno, Emiliano Monge, Alberto Chimal, Tedi López Mills y Yuri Herrera.

Repito, me parece que 2012 fue un año sobresaliente; un año, además, como una bisagra de oro entre la primera década del siglo XXI (llena de promesas y pasos iniciales) y la progresión de hechos literarios conseguidos.

Mis grandes pendientes, los que no leí por una u otra razón pero que la crítica ha considerado y que están en mi mesita de noche a la espera son: La transmigración de los cuerpos (Periférica) de Yuri Herrera, El mal de la Taiga (Tusquets) de Cristina Rivera Garza, El beso de la liebre (Alfaguara) de Daniela Tarazona, La escuela del aburrimiento (Sexto Piso) de Luigi Amara, El más buscado (Grijalbo) de Alejandro Almazán, Vórtices viles (Fondo Editorial Tierra Adentro) de Ruy Feben.

Quiero considerar entre los libros a seguir en 2013 Motel Bates de Yussel Dardón, libro con el que el autor ganó el Premio Julio Torri en 2012. Lo publicará el Fondo Editorial Tierra Adentro.

ÍNDICE DE LIBROS:

CANCIÓN DE TUMBA
AUTOS USADOS
BRAMA
EL SUICIDIO DE UNA MARIPOSA
EL CIELO ÁRIDO
LA TORRE Y EL JARDÍN
LIBRO DE LAS EXPLICACIONES
OJOS LLENOS DE SOMBRA
PARÁBOLA DE LA CIZAÑA
EL ARIA DE GIACOMO

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CANCIÓN DE TUMBA Julián Herbert
Mondadori

Cancion de tumba - Julian HerbertSolamente las dos páginas iniciales, a manera de introducción, serían suficientes para no olvidar esta novela. Hacía mucho que en la literatura mexicana nadie se arriesgaba con una prosa densa, dolorosa y dramática que no significara solamente una contemplación o un recuento costumbrista: la “mecánica del tremendismo” tan barato y fácil. El proceso de dolor y conexiones “entre lo que cura con lo que hiere” como pedía Henry James corre sobre el bloque sólido y profundo del Herbert-poeta pero se afianza con el olfato de narrador (para ceñir la estructura y la voz del narrador), que desde Cocaína, manual de usuario le conocíamos.

Fue la primera novela del año pasado que me impactó. La he leído, además, dos veces: la primera: deslumbrado por estar frente a una de esas novelas donde lector y autor salen heridos y fatigados por el enfrentamiento con la condición humana; y la segunda, más incrédulo y poniendo objeciones para verificar que mi primera lectura se sostuviera. Así fue.

A la manera de esas novelas que son “sensibles” antes que “intelectuales” Canción de tumba, sobre todo en la parte de Cuba, parece a punto de desbalagarse. Sin embargo, Herbert consigue conservar el ritmo y la propuesta de esas páginas iniciales para conseguir una de las cimas literarias de 2012.

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AUTOS USADOS Daniel Espartaco
Mondadori

Autos usados - Daniel EspartacoLeí esta novela en media tarde sin poder despegarme del fantasma de sangre caliente que es el fenomenal libro de cuentos Cosmonauta. Me urgía saber qué haría Espartaco con todo ese mundo nostálgico, huérfano, particularmente local y universal, tejido con una de las prosas más finas y elegantes de las letras mexicanas. Al abrir las páginas de Autos usados imaginaba una vuelta de tuerca, un cambio de aires, un nuevo límite que me haría comprobar que Espartaco había llegado para quedarse.

Sin embargo, encontré una prolongación de Cosmonauta que me ha hecho respetar aún más a Daniel Espartaco. Y esa continuidad me hizo olvidar mi petición vulgar de “algo distinto” en favor de un lujo: la pertinencia y trabajo de un autor sobre sí mismo y su mundo. Las posibilidades de que un autor se obsesione y escriba sobre dos o tres temas y con eso forme una obra y que esa obra sea cada vez más expansiva y profunda son pocas. La condición de la repetición es un mal de los escritores menores; pero la persistencia en el mundo interior y en la explotación de todos sus detalles es la condición de los autores importantes y necesarios. A estos últimos pertenece Espartaco.

Daniel Espartaco escribe de lo que sabe, de la infancia, del norte del país, del frío, de la nostalgia, de la soledad huérfana que es un elemento que nos permea a todos. Cuando Espartaco escribe sobre él (sobre su mundo interior) escribe sobre todos nosotros. Son muchas las particularidades que conectan mi mundo personal con el de Espartaco, aun cuando los elementos “superficiales”, sus locaciones y personajes me sean ajenos. Este autor tiene la capacidad de hablar desde adentro hacia afuera, y con esta mirada va tocando lo demás, incluso, lo que no es suyo, lo que supuestamente no le pertenece.

Es claro que Espartaco escribe menos de lo que sabe y, además, pule cada frase con un ansia y paciencia raras para el vértigo editorial de nuestras vidas. Las 157 páginas de Autos usados, estoy seguro, fueron quizá 400. Se percibe cómo Espartaco decantó su novela hasta el punto último para conseguir que cada palabra leída sea la importante.

Cosmonauta y Autos usados (como probablemente lo sean los siguientes) son libros pulidos sobre un bloque enorme de mármol, uniforme pero cuyas vetas, sutiles y genuinas, conllevan el alcance de una profundidad sin límites: adentro es infinito; afuera, no.

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BRAMA David Miklos
Tusquets

Brama - David MiklosDesde hace tiempo tengo a David Miklos en mi canon de autores mexicanos que han completado ya una obra (no un libro, no un simple hallazgo) que los define y les otorga un territorio completo dentro de la cartografía literaria. El país de David Miklos conformado por La piel muerta (2005), La gente extraña (2006) y La hermana falsa (2008) tiene una bandera conformada por la búsqueda del origen, el exilio, la orfandad, la filiación, la esperanza y desesperanza de los vínculos entre la gente. Todos estos temas, que probablemente sean uno: la identidad, han sido filtrados a través de la uniformidad minimalista (que acusa detención del tiempo y búsqueda interior más que parcialidad de elementos) que quizá sea el “sello de la casa” de Miklos. Gracias a ese mundo total, complejo y cerrado en sí mismo, es que reconocemos a David, su estilo (de cuentagotas) salpica constantemente al lector y se adentra en él de a poco. Mi idea del estilo de David Miklos es la de un castillo de cristal, bello y delicado.

Por todo esto, fue una grata sorpresa que Brama fuera escrita desde otro lugar del alma y pensamiento de Miklos. En esta novela, los personajes parecen (a diferencia de los personajes habituales de este escritor) haberse encontrado. Ese, quizá, sea el rasgo distintivo y que distancia esta novela de las otras. Son personajes que saben quiénes son pero que, sin embargo, siguen perdidos, ahora, dentro de su propio cuerpo y pasiones. El cambio en el punto de vista del narrador (o narradores) y la grotesca pero sutil (como Rabelais reescrito por un japonés) manera en que Miklos se adentra en las zonas no visibles de la carne, de lo sensual, de la sangre viva y roja alcanzaron un nuevo registro en el color de voz de este escritor.

Una novela necesaria, creo, luego de que David Miklos construyó una trilogía sobre la identidad cuyo océano minimalista nos sigue empapando.

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EL SUICIDIO DE UNA MARIPOSA Isaí Moreno
Editorial Terracota

SuicidioMariposaA Isaí Moreno le perturban, entre otras, dos cosas que son lo mismo a veces: el mal y la belleza.

Si Pisot (su primera novela) hablaba del mal, en Adicción (su segundo trabajo novelístico) Isaí Moreno intentó hablar de la belleza, de lo festivo de la vida pero terminó hablando del mal pero con un matiz: la belleza del mal.

El suicidio de una mariposa habla de esa perturbación del orden que ocurre en nuestra infancia o juventud y que nos persigue siempre (la bête noire). El fantasma total, la bestia negra, nuestro mayor miedo que es tal porque somos nosotros mismos. Entonces, esta novela ocurre también para recordarnos el combate perenne, que es nuestro sello humano, entre el Yo Mr. Hyde y el Yo Dr. Jekill, origen y fruto de nuestro descontento.

La revisión precisa (y sintética) de la juventud del narrador a través de su madurez es un hecho de la memoria en sí mismo impactante; la revelación que tiene el narrador (despojando elementos como la nostalgia, llevando el pasado a una situación tensa, fría, cruel) a través de esa revisión es literatura mayor.

Esta novela breve (90 páginas que parecen más por lo emocionalmente denso de sus páginas) parecería un pasaje o una estación en el tránsito de Isaí Moreno hacia otros proyectos más ambiciosos. Sin embargo, creo que el logro de concentrar en un puño y en un golpe una gran parte de lo que Isaí sabe sobre el mal (la belleza en esta novela no existe o sí, pero está transfigurada en otra cosa) es un hallazgo notable, fruto de una madurez estilística irrenunciable y al conocimiento total de un mundo interior (mostrándonos a través de rendijas breves) el origen de nuestras pesadillas. El suicidio de una mariposa es como un haikú: implosiona para expandirse. Es una pequeña obra maestra.

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EL CIELO ÁRIDO Emiliano Monge
Mondadori

El cielo árido - Emiliano Monge 2Emiliano Monge me contó esta novela durante una caminata por el jardín Hidalgo de Coyoacán en algún mes temprano de 2010. La naturalidad y naturaleza de la violencia, la perspectiva de una novela enorme y expansiva, la visión de una Era completa, las raíces profundas de un México contemporáneo que día a día lucha por no renunciar a su pasado aun en contra de sus pobladores y sus vertientes sumieron a Emiliano en un trance del que despertó sólo para darse cuenta de que yo estaba sin habla y sorprendido. En ese momento era sólo una idea y Monge tenía frente a él el espejo del verdadero escritor: dudas, miedo, él mismo. Era un trabajo mayor para un espíritu y una mente mayores, pensé.

Dos años después esa lucidez y esa narración oral se convirtieron en libro y, sobre todo, en uno de los logros más ambiciosos y realizados de la última década de las letras mexicanas. Dueño de las formas narrativas (sobre todo las que dirigen la voz del narrador) de la gran novela del siglo XVIII inglés (cuyos padres son Cervantes y Rabelais), la voz de Monge en esta novela es un concentrado de vetas sin fin: Sterne, pero también Rulfo, Fuentes y Sada. Lo que ha hecho Emiliano Monge es trabajar una forma que permitiera concentrar una Era, su inicio y su progresión, en 211 páginas, a través de síntesis y saltos, y, sobre todo, de la sabia elección de los “momentos” de una vida que son los que verdaderamente le dan identidad a un hombre: Germán Alcántara Carnero (que ya es, sin exageraciones, nuestro Pedro Páramo y Artemio Cruz del siglo XXI): una forma que uniera al individuo con la tradición mexicana de más de medio siglo. El paso de mera “novela concentradora de distintas tradiciones literarias” a Obra de Arte lo dio Emiliano Monge al lograr la coexistencia de las obsesiones, las formas del lenguaje, las estructuras circulares, la densidad apabullante de un mundo interior (alabado muchísimas veces por Daniel Sada, por ejemplo) de sus anteriores trabajos: Arrastrar esa sombra Morirse de memoria con la noción de que la violencia siempre ha estado ahí, en nuestro mundo y en nuestra tradición literaria. El asombroso trabajo de Emiliano Monge fue unir una tradición, joven y en formación, individual (la de él; su primer libro se publicó hace cinco años) con una tradición amplia, enorme y extensa y ya inscrita en la literatura universal. Me parece que Emiliano Monge al lado de Yuri Herrera (además de sus logros literarios particulares) han logrado, lo hayan buscado o no, algo necesario para la continuidad de nuestra literatura y de los escritores que vengan: una renovación de nuestros grandes maestros literarios, sin “golpes bajos” ni ajustes de cuentas con el padre, sino un tránsito generoso, lleno de respeto, admiración pero también de justa separación para abrirse una vereda propia.

El estilo de Emiliano Monge y sus preocupaciones que en sus anteriores obras nos empujaban hacia su centro y por eso nos dejaban sin aire, ahora se abre para, a la vez que perfilarse como único, empaparnos y empujarnos hacia afuera. Me parece que El cielo árido es de las primeras obras que, aparecidas durante 2012, una década después del pequeño boom de autores de los setenta, se ostentan como parte de ese sueño imposible y oscuro que son las “Novelas Totales”.

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LA TORRE Y EL JARDÍN Alberto Chimal
Océano

La torre y el jardín - Alberto ChimalLa torre y el jardín es como M. C. Escher pintando El jardín de las delicias de “El Bosco” mientras se proyecta Blade Runner.

Pasé mucho tiempo dándole vueltas a la decisión de leer esta novela. La compré pero traté de mantenerla a raya luego de revisar en más de una ocasión las primeras páginas y de reunir más de tres ideas preconcebidas acerca de la historia. Mi falta de arrojo provenía de que desde el principio intuí que Chimal había cruzado algún límite y emprendido un salto olímpico hacia un lugar al que yo aún no estaba preparado para entrar. Como si el realismo y las formas conocidas (aunque renovadas) de los escritores que regularmente leo fueran el hogar; y la fantasía, la ciencia ficción y la excentricidad de Chimal fueran el abismo. Y sí, el autor rompió un límite: logró convertir su mundo interior y obsesiones personales en un reflejo universal. El asombro que me produjo leer esta novela (uno de tantos) proviene del detalle minucioso y las proporciones milimétricas que hay entre tema, estructura, trama, personajes (enormes como Isabel y El Brincadero), narrador y estilo. Lo que hizo Alberto Chimal fue una esfera perfecta cuyo germen no es otra cosa que la condición humana. Estoy seguro que esta novela mayor se leerá entre lectores de diversas generaciones, países e intereses literarios. ¿Cómo decirlo? Es un concentrado tan puro que deja a un lado etiquetas, corrientes o géneros literarios.

¿Recuerdan el hecho científico que dicta que muchos de los astros que vemos en el cielo son estrellas muertas hace millones de años pero cuya luz sigue, en apariencia, viva por el delay (visual) cósmico? Eso podría describir la estructura prodigiosa de la novela de Alberto Chimal. El autor usa varios carriles narrativos que corren paralelos y que van rozándose discreta y elocuentemente. Esa estructura exquisitamente cronometrada, su confección e idea, es una hazaña. Es decir, dos hechos (o más) ocurren al mismo tiempo, ya sea en apariencia o no, ya sea uno verdadero y el otro no, y, sin embargo, al final los criterios de verdadero o falso se trastocan porque la estrella sigue brillando, nosotros la vemos y ambos hechos ocurren luminosamente. Porque, además, el camino que narra Chimal es luminoso, diáfano, es un laberinto de cristal con señales tan claras que el lector asiste a la creación de un mundo desconocido que a las pocas páginas reconoce como natural. El horror que Alberto Chimal cultiva en esta novela no proviene de la penumbra de la encrucijada. Es, más bien, un cuarto blanco y bien iluminado que permite ver cada detalle de la pesadilla.

La proeza de Kakfa, una de tantas, fue evadir la mezcla burda de realidad y sueño, o el anclaje en una de las tierras; por el contrario, rompió los límites, impuso nuevas reglas para que todo sucediera sin que el lector lograra reconocer las costuras de uno u otro mundo. Con esto, consiguió una simbiosis perfecta: la fundación de una nueva realidad. Es la “llamada del sueño” que acusa Kundera como una de las menos socorridas líneas temáticas de la literatura (como la “del juego” de Sterne, entre otras). Alberto Chimal, en su reciente novela, consiguió fundar un territorio único (con retazos de lo nuevo, de lo viejo, de lo real, del sueño, de la fantasía, de la ciencia ficción, del costumbrismo) para hacer un brillante ensayo sobre el deseo (la persecución inútil de éste; el enfrentamiento patético del deseo de los hombres con la eternidad amoral y salvaje de los animales) y la fragilidad de la conciencia.

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LIBRO DE LAS EXPLICACIONES Tedi López Mills
Almadía

Libro de las explicaciones - Tedi López MillsEste libro es la exploración de un mundo personal, casi, de la A a la Z, a través de un interés y asombro lúdicos y, casi, iniciales. La mirada de López Mills parece inocente (mira todo con una particular sorpresa) pero las resoluciones son de una conciencia pulida y alta. Para esta escritora todo parece tener interés, y se alaba su pertinencia en el asombro y su aceptación como parte primordial de la buena literatura.

Lo leí, además, justo después de terminar el Joseph Anton de Salman Rushdie y de fastidiarme un poco con esta literatura personal que circula tanto en nuestros días. Sin embargo, el sabor semiamargo que me dejó Rushdie fue desvanecido por la vitalidad de Libro de las explicaciones que me hizo recordar que también las confesiones alegres y los juegos de cruzar la sensibilidad y la inteligencia son posibles en literatura. La literatura de López Mills no proviene del dolor, es más bien un repaso armonioso por zonas más expuestas de la condición humana en las que pocas veces centramos nuestra atención y que necesitan un espíritu sensible para ser reconocidas.

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OJOS LLENOS DE SOMBRA Raquel Castro
Ediciones SM

Ojos llenos de sombra - Raquel CastroPara mí, el debut literario del año es Ojos llenos de sombra de Raquel Castro. Sus cualidades literarias la sostienen para justificar mi dicho pero además goza de otra particularidad: la de ser una red o antena que atrapó la sustancia de una época específica.

Ojos llenos de sombra se publicó el año pasado en la mítica colección Gran Angular, bajo la cual en 1997 apareció Metro Pop de Fran Ilich. Metro Pop dejó ver el espíritu de un momento y de una parte de la juventud mexicana de fines del siglo XXI. El narrador se centraba, a través de un tono mordaz en la “cultura de masas, donde la única manera de superar el anonimato sugiere una mirada existencialista”. Leí esta novela, escrita por el autor a los 17 años, cuando yo empezaba a escribir y luego de terminar con toda la Literatura de la Onda a la que aprecié por sus características literarias pero que hablaba de otras generaciones y que, por eso, admiré como a distancia, como objetos literarios interesantes e intensos. Pero fue Fran Ilich, entre otros autores, quien me permitió ver que un escritor también podía escribir de lo que le pasaba y de lo que ocurría a su alrededor “íntimo”. Ese trabajo de contar “lo que nos pasa” en determinado momento, creo, es pieza fundamental para exorcizar la idea de quiénes pueden y deben ser los escritores. Metro Pop fue tan cercana a muchos que se quedó como un guiño (para odiarla o para amarla, eso sí).

Sin que mi comentario parezca que Ojos llenos de sombra podría sugerir una “continuación” a Metro Pop (que no lo es), me parece que la de Raquel Castro también consigue recrear y traer un pasado cercano que da cuenta de lo que muchos pensábamos sobre el mundo (con sus infinitas variantes, claro está) en una edad en la que no pensábamos nada sobre el mundo, o al menos no lo hacíamos de manera consciente. En este sentido, esta novela es doblemente importante: emprende un juego de “tú a tú” que convoca lectores al vincularlos con una zona de tránsito común; y se yergue como obra literaria al contar sus propios intereses.

El ajuste de cuentas que emprende Ojos llenos de sombra con el recuerdo permite que la novela sea leída con atención por personas afines a esa generación pero, su interés real, proviene de la creación de un personaje-narrador extraordinario como la protagonista “Atari” que libera el estigma de “novela de moda” para contarnos una historia sobre la búsqueda de la identidad y de las decisiones que tomamos, aún, quizá, sin saber por qué las tomamos y que son resultado de intuiciones que sólo con el paso de los años entenderemos. El ritmo vertiginoso de Ojos llenos de sombra, su pertenencia a la literatura basada en un narrador potente y que da la idea de “poder contar lo que sea” e interesar al lector y no dejarlo caer, así como la recreación viva y detallista (sin ser costumbrista) de las particularidades de una época me parecen suficientes para que esperemos impacientes el siguiente trabajo de esta escritora cuyo debut: el premio, la pronta publicación, las reseñas y los lectores no pudo ser mejor.

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PARÁBOLA DE LA CIZAÑA Federico Vite
Universidad Autónoma Metropolitana

Parábola de la cizaña - Federico ViteFederico Vite es un cuentista nato, uno de los mejores, creo, de México. Su cercanía con la tradición norteamericana y la europea hacen que su técnica, adoptada pero retrabajada, sea reconocible desde sus primeros trabajos. A Vite le interesa hablar de una parte del mundo y del hombre que podría recibir el nombre de Limbo. Las situaciones patéticas de vida y muerte (que para Vite son casi lo mismo) son una de las constantes. Hay un dolor agudo que se siente al leer a Federico Vite, uno que nunca cesa hasta que termina la historia y lo que queda son ecos de algo que si no fuera por el talento de Vite parecería tremendismo. Los personajes de Federico Vite podrían parecer una exageración pero no lo son: son el estado puro del ser humano, los renglones que ni la civilización o la modernidad le han quitado al alma humana.

Aunque me parece que Vite trabaja estos temas mejor en las formas cortas, esta novela hunde el dedo en las viejas heridas-temas de este autor.

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EL ARIA DE GIACOMO Mario Martell
Ediciones de Educación y Cultura

FORROMartellOtro debut literario interesante es el de Mario Martell, autor veracruzano avecindado en Puebla desde hace muchos años.

Pienso que en El Aria de Giacomo la mirada cotidiana se suspende bajo el asombro y que por eso es posible experimentar el cosmos como “un peatón zulú en avenida Revolución” para “hacer las paces con el mundo”. En esta colección de textos, el autor revisa un mundo alterno al que hemos decidido, como sociedad y cultura, seguir: “la ruta cartesiana” para volcarse por ese otro, que es “el camino de la perdición” de Miguel de Cervantes Saavedra y de otros cientos de escritores, filósofos y pensadores, la ruta alterna del pensamiento.

En ese libro de varia invención, el autor analiza desde la capa inicial (ser superficial pero no banal habría pedido Paul Válery) la vanguardia y la tradición, el ensayo y la ficción, el yo de afuera en contraposición al yo de adentro. Desde la crónica de una visita de Carlos Monsiváis a Puebla hasta El arte de la fuga de Sergio Pitol, de Mafessoli a Nietzche, pero también de Henri-Cartier Bresson al espíritu lúdico de un pornógrafo local, la mirada de Mario Martell asiste al espectáculo de la alta cultura al lado de la cultura pop, como el engranaje de una sociedad que en el trance de la postmodernidad trata de conformarse como “otra cosa”.

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*Jaime Mesa es escritor poblano nacido en 1977, autor de la novela Rabia(Alfaguara, 2008). Ha colaborado en las revistas CríticaBlanco móvil; en los suplementos “Laberinto” de Milenio Diario y “Hoja por Hoja”;  y en los blogs deLetras Libres y Nexos. También es responsable del área de Ediciones del CECAP.

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