La batalla de Bellas Artes, entre pañuelos, vidros rotos y un sax

La batalla de Bellas Artes, entre pañuelos, vidros rotos y un sax

Foto: @earoche

Ernesto Aroche | Mely Arellano

@earoche@melyarel

A las 10 de la mañana del sábado 1 de diciembre, mientras dentro del Congreso de la Unión esperaban la llega de Enrique Peña Nieto y afuera Carlos Valdivia era herido de gravedad en los enfrentamientos entre manifestantes y granaderos, miles de pañuelos ondeaban a lo largo de la Avenida Juárez, frente a la Alameda.

Corría un airecito fresco, el sol todavía no pegaba de ese lado y los pocos transeúntes, algunos con café en mano, se detenían a leer las historias de las víctimas, muertas o desaparecidas, de la violencia del sexenio recién concluido de Felipe Calderón: pañuelos bordados a mano por familiares, amigos y ciudadanos organizados en los diferentes grupos del colectivo Bordados por la Paz.

Había gente de Monterrey, Guadalajara, Puebla, DF y de Córdoba, Argentina. Frente al hemiciclo a Juárez, a la sombra de una carpa, algunas personas –entre ellas una señora que horas antes se presentó contando el caso de su hijo desaparecido- ya bordaban. Otras lo hacían en las bancas que hay a lo largo de esa calle.

La avenida Juárez estaba cerrada y la primera marcha todavía un poco amodorrada, con banderas perredistas, ya había pasado hacia el zócalo.

Más tarde pasó otra marcha, o quizás era la misma tratando de definir rumbo porque se detuvieron unos 20 o 30 minutos y reiniciaron sus pasos poco antes de las once pero en sentido contrario, hacia el Monumento a la Revolución. Hacia allá se dirigió una hora después un tercer contingente mucho más numeroso –llegó a abarcar las cinco calles de Bellas Artes y la Alameda- y más organizado, lanzando consignas contra Peña Nieto.

Inicia la batalla

Pasadas las 12 del día, cuando el nuevo presidente daba su primer mensaje a la nación, el caos llegó a Bellas Artes antecedido de una extraña calma que se quebró con el sonido de los petardos y la prisa de los vendedores de comida que suelen flanquear a las marchas para hacer su agosto.

Una decena de jóvenes pasó corriendo con los rostros cubiertos, algunos con palos o tubos en las manos. Gritaban algo incomprensible. La gente comenzó a buscar un lugar para resguardarse.

Metros más adelante, en la esquina de la calle López y la Avenida Juárez la batalla había comenzando. Grupos de jovenes esbozados instalaban una barricada con las rejas tubulares que originalmente rodeaban a la Alameda central y azuzaban a una compañía de granaderos de la policía capitalina que impedía el ingreso al zócalo de la ciudad.

Foto: @earoche

Al concluir el acto protocolario en la Cámara de Diputados y al no lograr romper el cerco que se montó en torno al palacio legislativo, los dos grupos de manifestantes, los pacíficos encabezados por el grupo Más de 131 de la Universidad Iberoamericana, y los radicales que llegaron armados con tubos, palos y bombas molotov, comenzaron el éxodo hacia el centro de la ciudad sólo para hallarse con los accesos cerrados.

Y mientras Peña Nieto desglosaba sus primeras 13 metas de gobierno frente al palacio de Bellas Artes, comenzó el intercambio de metralla hechiza, de un lado salían tubos, piedras y cuanto objeto pudiera ser lanzado al alcance de la mano, del otro los mismos proyectiles eran regresados. Sonaban algunos petardos y estallaban las primeras bombas molotov incendiando momentáneamente el asfalto y alguno que otro escudo de plástico de los granaderos.

Los transeúntes y los bordadores, que metros atrás habían montado su memorial ciudadano por los muertos, ya se habían refugiado: algunas personas se metieron al patio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, otras a los negocios aledaños, otras sólo se replegaron a las paredes o corrieron en dirección contraria. Las puertas y rejas fueron cerradas. Los sonidos de la batalla campal llegaban nítidos hasta ahí.

Nadie sabía con certeza, entre los refugiados, qué estaba pasando y el saberse encerrados aumentaba los nervios. Una chica alta y bonita lloraba. Muchos hacían llamadas o mandaban mensajes de texto o vía Twitter.

Un joven vestido de negro comenzó a cortar los “tendederos” de pañuelos, causando la inmediata protesta del grupo de bordadores que estaba en el patio de Relaciones Exteriores y que no podía salir; también esas rejas habían sido cerradas. Dos o tres jóvenes soltaron los tubos que llevaban en las manos y ayudaron a levantar los pañuelos para pasarlos entre las rejas, donde fueron resguardados. Una mujer pasó también una botella de agua “para que mojen pañuelos y puedan respirar si echan gases”. Los gases, afortunadamente, nunca llegaron.

En la zona de la refriega lo que ya había para ese momento eran algunas columnas de humo producto de la quema de plástico a la altura de la barricada de rejas y el olor de los líquidos inflamables de las bombas molotov. Por varios minutos la policía sólo se contuvo  en formación “tortuga”, ideada por el ejército romano para proteger pequeñas formaciones.

Uno de los policía que intentó apagar un fuego fue jalado por los jóvenes embozados, su osadía lo metió de lleno a una lluvia de patadas y golpes justo a un costado del Vips de la esquina de López y avenida Juárez, de la que fue rescatado por otros manifestantes quienes le permitieron el escape para que se refugiara en las oficinas de la Subprocuraduría de la PGR que se encuentra a unos pasos de esa esquina.

Destrozan el Wings

Al lanzar su primer embestida la policía logró hacer retroceder a los anarquistas junto con sus banderas rojinegras y demás rijosos hasta la altura del edificio de Relaciones Exteriores donde se habían resguardado los bordadores.

Ahí se levantó una nueva barricada y los manifestantes aprovecharon para proveerse de pertrechos arrancados del restaurante Wings, que se ubica a un costado del edificio de la SRE, sillas y mesas serían ocupadas para preparar fogatas y como armas arrojadizas.

En twitter se hablaba de detenidos, heridos, más enfrentamientos en la Alameda y la acción de grupos de choque. Por las calles de Dolores e Independencia pasaban granaderos y patrullas que llegaban a la refriega, un helicóptero sobrevolaba la zona.

Del Bancomer que está en la esquina de Juárez y Dolores salía humo. Las rejas del estacionamiento del edificio de la SRE que da a Independencia también estaban cerradas. Nadie podía entrar ni salir.

Fue hasta cerca de la una y media cuando al fin abrieron el estacionamiento. La batalla se había desplazado calles más abajo y había comenzado la detención de manifestantes quienes fueron golpeados brutalmente como dan cuenta algunos videos que circulan por las redes sociales.

Pasada las dos de la tarde la zona comenzó a recuperar su ritmo habitual. Y aunque se mantendría un grupo de granaderos en el cruce del Eje Central y avenida Juárez, e incluso se producirían algunos jaloneos e intercambio de mentadas y hasta de patadas calles abajo, los comerciantes informales ya montaban su oferta de piratería.

 Una niña caminaba de la mano de su papá, una pareja de ancianos miraba el menú de una fonda, un muchacho repartía volantes. Sólo las sirenas de las patrullas rompían cada tantos minutos la aparente tranquilidad de lo que ya para ese momento parecía ser un sábado cualquiera en el Distrito Federal.

Los pañuelos recuperados de Bordados por la Paz, revueltos, sucios y algunos incluso manchados de sangre, fueron acomodados por el grupo de Puebla y de Argentina en el lobby del hotel Marlowe, a media calle.

Cerca de las cinco de la tarde y pese a las huellas de los enfrentamientos –vidrios rotos, restos de objetos quemados, vallas encimadas, semáforos rotos, un par de bancas a media calle- la gente paseaba por la Alameda y Bellas Artes tomando fotos de las pintas como si fueron atractivos turísticos, mientras un joven tocaba en el saxofón Somewhere over the rainbow y la tarde del primer día del nuevo sexenio llegaba tristemente a su fin.

Otras crónicas de la jornada

“¿Te gustó tu bienvenida?” Eme-Equis

“Peña… sólo es el primer día” Proceso.

La protesta presidencial de EPN, planeada para ser la más breve de la Historia, ha sido la más larga y violenta Sin Embargo.

 

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