La playa debajo de los adoquines

22 mayo, 2012 | 0 Comments

Roberto Alonso*

La fórmula hesseliana es sencilla: de la indignación, de esa facultad que es componente esencial del ser humano, nace la voluntad de compromiso. Indignarse, sin más, no basta. Si esa sensación de enojo e irritación desea tener un correlato fecundo, debe ser seguida por una acción, un planteamiento, una agenda.

A Stéphane Hessel no le faltaron razones para indignarse en plena amenaza de la Alemania nazi y, en la primera década del siglo XXI, por los ataques de los israelíes a los palestinos, que conoció de primera mano entre 2002 y 2009 constatando operaciones militares con efectos que podrían pasar a la historia como crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Más de 50 años después de la Segunda Guerra Mundial y a pesar de los conflictos armados contemporáneos en Medio Oriente, el diplomático francés y único redactor vivo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma que las luchas del siglo XX conquistaron importantes derechos y libertades democráticas. Sin embargo, lanza una advertencia ante los actuales retrocesos y hace un llamado categórico: a las jóvenes generaciones les toca no sólo defender esos logros, sino mantenerlos y mejorarlos.

En el mundo, sostiene Hessel, existen problemáticas inaceptables, realidades que ofenden toda aspiración democrática fundada en los valores de justicia y libertad, de ahí su convocatoria a buscar y encontrar la resistencia propia. “Les deseo a todos, a cada uno de ustedes, que tengan su motivo de indignación. Es un valor precioso. Cuando algo te indigna como a mí me indignó el nazismo, te conviertes en alguien militante, fuerte y comprometido”, escribió el año pasado en su alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica dirigido principalmente a los jóvenes indignados de España.

A propósito y con tonalidad poética, como es característico de muchas pintas y sentencias callejeras rozadas por vientos cargados de indignación, Alberto Ruy-Sánchez recuerda una frase que le sedujo a sus 16 años al leer sobre la rebelión estudiantil de mayo de 1968 en Francia: “Bajo los adoquines están las playas”. En París, relata el novelista y poeta en el libro El México indignado, los adoquines eran utilizados por los estudiantes con la finalidad de protegerse de los ataques de la policía. “Y la frase era una llamada de atención sobre la esperanza que había más allá de las barricadas, de la protesta: un recordatorio de que la rebelión era para alcanzar aquellas playas anheladas que podríamos llamar <<una mejor sociedad>>.”

Esos arenales húmedos son los que ya alcanzan a vislumbrar miles de jóvenes indignados en México que han salido a manifestarse en los últimos días de manera auténtica y con convicción, coloreando, para muchos, un proceso electoral ceniciento que ahora protagonizan y configuran.

Por ello es de enorme relevancia que sin fines partidistas y con filias diversas los jóvenes tomen las calles de forma pacífica y defiendan lo que de modo gratuito recibieron de otras generaciones y que es imprescindible custodiar. Por ello es vital exhibir las trayectorias y recuperar la memoria para ejercer un voto informado. Por ello es valioso que con pruebas de manipulación informativa, por un lado, y de agresiones por el otro, se evidencie el peligro que representaría el regreso de prácticas autoritarias de control mediático y de la disidencia, tales como la sesgada cobertura periodística de ciertos medios y los intentos de represión hacia críticas legítimas en Saltillo, Córdoba y Colima por parte de simpatizantes priistas.

Particularmente, la juventud mexicana movilizada a raíz de la visita de Enrique Peña Nieto a la Ibero donde el candidato alteró a su antojo la realidad, del desafortunado control de daños de su equipo al menospreciar la capacidad de expresión crítica de los universitarios, y de la insostenible cobertura de las televisoras y de algunos periódicos en torno a la protesta estudiantil, ha encontrado en la defensa del derecho a la información y de la libertad de expresión una inmejorable batalla para impedir vueltas al pasado. Para atrás nunca, es una de las consignas que subyace de fondo en este brote de indignación.

El derecho a la información y la libertad de expresión son vías insustituibles para combatir la concentración mediática, la manipulación informativa, la desinformación, la opacidad, la imposición, el abuso de poder, la arbitrariedad y el pensamiento uniforme. Sólo así, con medios democratizados, es posible una prensa independiente sin la cual una democracia no puede sobrevivir.

Un Estado democrático lo es porque es creado y recreado por hombres y mujeres libres, y la libertad, conmemorando a Carlos Fuentes, no existe en sí misma sino como su búsqueda, siendo ésta la que hace libres a los seres humanos. Si esta no es la playa, que al menos sea su horizonte.

*@rialonso es secretario del Capítulo Puebla de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI). Comunicólogo de formación, maestrante en Políticas Públicas y apasionado del derecho de la información y del periodismo. Participa en el Nodo de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Rendición de Cuentas de Actívate por Puebla.

Columnas Anteriores

Tags: , ,

Tema: Blog, Con copia para, Plumas B

BannerAnimalPolitico1BannerAguilaOsolBannerDiez4BannerChiapas1BannerProyectoDiez