Para encontrar pobreza extrema no hay que viajar a Chihuahua

Para encontrar pobreza extrema no hay que viajar a Chihuahua

  • A Carichí, en Chihuahua, Puebla envío 4 tráileres que recorrieron 1500 kilómetros llevando 70 toneladas de alimentos, agua, ropa y diversos productos, y se enviarán 40 toneladas más; A Cocoyonotly a 4 kilómetros de la Junta Auxiliar de San Miguel Canoa y a 20 de la ciudad capital, desde hace años no llega nada
  • A los habitantes de esa población, ubicada a 50 minutos de la cuarta urbe más grande del país, la experiencia los hace desconfiados: “Ahora con las heladas, todo lo del campo se perdió, no nos quedó nada. Dicen que el gobierno ayuda cuando se pierde la cosecha con el frío, pero acá no han venido a decirnos nada, quién sabe si de veras pase eso que dicen”
  • Las carencias y el rezago social son una característica en la entidad, 3 millones 546 mil 321 poblanos viven en tales condiciones, es decir, el 62.2 por ciento de la población
Foto: Joel Merino.

Joseline Santos Enríquez

@joss_santos

Para encontrarse de frente con la pobreza no es necesario viajar al noroeste del país y atestiguar las precarias condiciones de vida que avasallan a los indígenas rarámuris en Chihuahua, basta con cruzar la ciudad de Puebla y viajar durante 50 minutos hasta Cocoyonotly.

La localidad se ubica a 4 kilómetros de la Junta Auxiliar de San Miguel Canoa y a 20 kilómetros de la cuarta urbe más grande de la República. A Carichí, municipio encumbrado en la Sierra Tarahumara donde habitan los rarámuris, lo separan 185 kilómetros de Chihuahua, capital del estado del mismo nombre.

Las distancias que recorren las autoridades de ambos estados para entregar apoyos a sendas comunidades contrastan de manera significativa.

Hace casi 3 semanas 4 tráileres cargados con 70 toneladas de alimentos, agua, ropa y diversos productos viajaron más de mil 500 kilómetros hasta llegar a la Sierra Tarahumara.

El apoyo obtenido a través de una colecta fue enviado por el gobierno poblano con la intención de aminorar la situación de pobreza y hambruna de la población, que supuestamente generó una ola de suicidios (versión que más tarde fue negada por las autoridades locales y estatales de Chihuahua).

Ninguna caravana con ayuda, sin embargo, ha visitado a los 19 habitantes de Cocoyonotly, en la ciudad de Puebla.

“No, la verdad no traen nada, ni cobijas, ni apoyo, no nos han dado nada porque dicen que no tenemos los papeles, que porque vivimos lejos. Ni nos hacen caso”, comenta, Jacinta, que a sus 27 años ya es madre de 4 niños.

Foto: Joel Merino.

Con un atropellado español, la mujer continúa su relato, mientras enciende trozos de madera para guisar en una cocina improvisada con láminas de cartón.

“Ahora con las heladas, todo lo del campo se perdió, no nos quedó nada. Dicen que el gobierno ayuda cuando se pierde la cosecha con el frío, pero acá no han venido a decirnos nada, quién sabe si de veras pase eso que dicen”.

Jacinta y su esposo no esperan a que los gobiernos municipal, estatal o federal lleguen a su comunidad con apoyos. Cada tercer día, excepto cuando hay lluvia, a las 7 de la mañana inician una caminata de tres horas hacia las faldas de “La Malinche”, cortan leña por más de 2 horas, arman un par de rollos que trasladan en el lomo de un frágil burro y regresan a Cocoyonotly sólo para tomar la ruta hacia “La Colonia”, en el municipio de Amozoc, donde venden cada rollo de leños en 40 pesos.

Hasta las 8 de la noche regresan a casa, en su bolsillo llevan el dinero obtenido durante la larga jornada. “Si nosotros no hacemos nada para sacar aunque sea leña ¿con qué vamos a vivir?, tenemos que comprar aunque sea frijolitos, carne nunca comemos”.

A pesar de que los ingresos son pocos y los recursos obtenidos por la cosecha de maíz son precarios, durante 6 años la familia destinó sus ahorros para la construcción de dos pequeños cuartos, no tienen luz, ni techo, ni piso de concreto, pero gracias a ese esfuerzo el frío se siente con menos intensidad.

El brío para salir adelante no cesa. Verónica, la primogénita, es la única que asiste a la escuela, cursa el segundo grado de primaria. “Ya sabe leer y escribir”, dice orgullosa Jacinta, quien a diferencia de su hija es incapaz de garabatear su nombre, nunca recibió algún tipo de instrucción.

Minutos antes del medio día la estudiante se prepara para ir al colegio. Cuando las condiciones lo permiten toma un baño, pues no hay agua potable. Viste uno de los dos uniformes que costaron a sus padres 350 pesos. Desayuna frijoles y tortillas elaboradas a mano por su madre.

Su evidente estado de desnutrición y las bajas temperatura afectaron su salud en diciembre pasado, sus padres pagaron más de 400 pesos por la atención médica privada que recibió, porque ningún miembro de la familia es derechohabiente. Sus hermanos Miguel, Pascuala y José, también presentaron enfermedades respiratorias, por lo que hubo que realizar un gasto extra.

Foto: Joel Merino.

Pronto asistirán a la escuela. Al igual que su hermana Verónica, caminarán durante casi una hora de lunes a viernes; pese a que la distancia entre Cocoyonotly y San Miguel Canoa es de 4 kilómetros, el sendero es de difícil tránsito, incluso un automóvil –que no se ven de forma habitual por el lugar- tarda en promedio 17 minutos en el traslado.

Las condiciones actuales estiman un futuro atroz, por eso Jacinta ha decidido no tener más hijos.

Puebla capital y sus 732 mil 154 pobres

La historia de Jacinta se repite con las 19 personas que habitan en la zona. Y es que de las 107 mil 473 localidades registradas por el Comité Directivo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), Cocoyonotly se ubica en el lugar número 349 con mayor rezago social.

Al igual que ésta, las comunidades asentadas en el perímetro de la capital del estado con atrasos similares son Lorotlán y San Isidro Tlalcostépetl, ambas ocupan el sitio 771 y mil 737, respectivamente.

El Banco Mundial define la pobreza cuando las condiciones de vida de la población carecen de bienestar económico y derechos sociales, así como por las características del contexto territorial. El lugar donde vive Jacinta refleja altos porcentajes de insuficiencias en los 3 factores, de acuerdo con indicadores revelados por la Coneval.

El cien por ciento de la población tiene piso de tierra; prescinde de excusado, drenaje y agua entubada de la red pública, además las personas mayores de 15 años son analfabetas. El 94.74 por ciento no cuenta con derecho–habiencia a los servicios de salud, y al 75 por ciento le hace falta luz eléctrica.

Foto: Joel Merino.

En cuanto al territorio, las áreas para siembra sólo se prestan para cultivar maíz, el éxito de la faena depende de la naturaleza. Si es indulgente lloverá lo necesario para que las parcelas ofrezcan una cosecha por año, si es implacable los cultivos se perderán por heladas o sequía, ya que los campesinos no cuentan con sistema de riego artificial.

Si bien Cocoyonotly se ubica a 20 kilómetros de la capital del estado, la distancia no es factor para que las carencias sean menores. Esto podría explicarse debido a que en la capital existen 732 mil 154 pobres, lo que coloca a la ciudad en el primer lugar con mayor número de personas en condiciones de pobreza de todo el país, le sigue Iztapalapa en el Distrito Federal; y Ecatepec de Morelos, en el Estado de México.

Las carencias y el rezago social son una característica en la entidad, 3 millones 546 mil 321 poblanos viven en tales condiciones, es decir, el 62.2 por ciento de la población.

De ella casi un millón –968 mil 238- sobreviven con 13.69 pesos diarios, lo que el Banco Mundial define como pobreza extrema (percepción promedio de 1.08 dólares por día). Esto coloca a Puebla como el sexto estado con mayor número de personas que viven en situaciones precarias, tan sólo por debajo de Chiapas, Veracruz, México, Oaxaca y Guerrero.

Imágenes que prevalecen por décadas

El paso obligado para llegar a Cocoyonotly es la Junta Auxiliar de San Miguel Canoa, aquella localidad que el 14 de septiembre de 1968 atestiguó el linchamiento de 5 jóvenes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla que pretendían pernoctar en el lugar, luego que el mal clima les impidió continuar con su travesía hacia “La Malinche”.

Parece que el tiempo se detuvo en esa fatídica fecha. El desarrollo social y el urbano se han aletargado.

Más de 4 décadas han pasado y aún es habitual ver a las ancianas con rollos de leña sobre sus espaldas, caminando descalzas y recorriendo largas distancias. Sus ojos no ocultan la desconfianza que le generan los visitantes. Algunas caminan solas, otras en grupo; aprovechan la compañía para hablar en su lengua. No falta el machete en la cintura, el mandil y el cabello trenzado. Su piel ya no se eriza con la brisa o el frío.

Foto: Joel Merino.

Tampoco la de los niños que corren por las calles sin tomar precauciones por el paso de las unidades del transporte público.

Las mujeres con rostros de niñas que llevan a un pequeño en brazos son imágenes que se refrendan casi en cada esquina.

Los ancianos peregrinan acompañados de asnos cargados de leña; los jóvenes avanzan a pasos acelerados hacia al jagüey, metros atrás del ganado caprino.

“Prácticamente gobiernos que han venido pasando se han olvidado, se han olvidado porque solo en días de elecciones es cuando llegan a prometer, a engañar a la gente y pues no se ha visto nada”, reconoce Tomás Salomón Pérez Marcial, presidente auxiliar de San Miguel Canoa.

En las colonias de Tlapacoyan, Santiago de los Leones y La Candelaria no hay energía eléctrica, no tienen red de agua potable, alcantarillado. “Ahora que empiezan las lluvias sufren mucho y hay carencias de varias cosas como en vivienda, que no hay ni techo digno, son chozas de cartón. En esos tiempos que vienen granizadas, como la que pasó apenas, las casas fueron dañadas. Obviamente que necesitan el apoyo del municipio, pero la ayuda está parada”.

Pero cuando las autoridades se deciden a trabajar en la zona, a veces los resultados son lamentables.

Hace 6 años el gobierno municipal –entonces priista- introdujo el drenaje, colocó la tubería, pavimentó las calles de la colonia “Los Ángeles” y, quizás como una broma, olvidó instalar el conducto que desemboca las aguas negras, así que el sistema no se utiliza.

“Esta junta auxiliar ha estado rezagada durante muchos años”, lamenta el presidente. Asegura que ha realizado las gestiones correspondientes para corregir la citada obra, también para ingresar decenas de avenidas que requieren pavimentación al programa Mil Calles, diseñado por el edil Eduardo Rivera. No ha habido respuesta.

“Yo creo que el presidente Rivera tiene buena fe y tenemos confianza de que cumpla su palabra, lo que si es que no sabemos cuándo (…). No es que queramos echarle tierra a los gobiernos, pero sí que atiendan nuestras demandas. Ahora que se siente el frío la gente de escasos recursos viene a la presidencia y no tenemos nada que darles, tenemos poquita participación, nos dan poco y no alcanza ni los gastos de la presidencia”. En 2011, la administración entregó láminas de cartón a 128 beneficiarios.

Foto: Joel Merino.

El pasado 9 de febrero, el secretario General de Gobierno, Fernando Manzanilla Prieto, anunció que el próximo miércoles Puebla enviará otras 40 toneladas de ayuda a los indígenas tarahumaras, con esto serían 110 toneladas que hace llegar a la región.

Celebró que los poblanos se solidaricen con grupos vulnerables, ya que en algún momento el estado podría necesitar apoyo similar.

Sin embargo a San Miguel Canoa no han llegado camiones cargados de alimentos o ropa, mucho menos a Cocoyonotly, cuyos habitantes también necesitan ayuda.

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