Tiempos de cambio y esperanza: ¿Puede aportar algo la educación?

Tiempos de cambio y esperanza: ¿Puede aportar algo la educación?

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

“Me pregunto cuándo –en algún momento de las últimas décadas- todos pusimos lo que estaba de nuestra parte para acercarnos al borde del precipicio”, afirmaba el Dr. Pablo Latapí Sarre en su conferencia de clausura del IX Congreso Nacional de Investigación Educativa en Mérida.

El título de la conferencia es muy significativo: ¿Recuperar la esperanza? La investigación educativa entre el pasado y el futuro. En ella, Latapí concluye haciendo un llamado urgente a todos los investigadores y actores educativos para acelerar el paso hacia la reforma urgente que nuestro país necesita. A partir de un verso de Jaime Sabines: “la eternidad se nos acaba”, Latapí afirma que “la eternidad se vuelve finita, se consume y se extingue en cada niño que se queda sin escuela, en cada generación perdida…” De ahí la urgencia de hacer algo desde las escuelas y universidades para que los futuros ciudadanos puedan reorientar realmente, más allá de cambios superficiales, el rumbo del país.

Pero: ¿Es posible realmente recuperar la esperanza en estos tiempos de cambio –cambio de época- en que vivimos? ¿Puede de verdad la educación aportar algo al cambio social o es una mera reproductora del sistema dominante?

A esta pregunta responde afirmativamente el libro: “Esperanza en los tiempos de cambio. Propuestas para la Educación” que con la coordinación del Mtro. Guillermo Hinojosa Rivero presentó el viernes 28 de octubre la Universidad Iberoamericana Puebla.

Se trata de una compilación de artículos breves sobre el tema educativo, publicados en diversos diarios y portales informativos de Puebla entre los años 2004 y 2008 dentro del programa llamado “Círculo de escritores” en el que participan académicos de todos los departamentos de la universidad y que sigue produciendo textos semanalmente, que se publican actualmente en cinco espacios periodísticos, entre ellos Lado B.

Como afirmaba el coordinador de este libro en la presentación, se trata de textos “híbridos” que están entre lo académico y lo periodístico que obligan a los profesores, acostumbrados a textos amplios donde se desarrollan con mucho detalle las ideas, argumentos y resultados de investigación, a plantear una tesis completa en una página y media, tarea nada fácil.

En este libro participan once autores distintos que tienen por supuesto, líneas de reflexión diferentes. Celine Armenta se ocupa de la educación incluyente, Teresa Brito de la convivencia escolar y la violencia en las escuelas, Rafael de Regil de la educación de las virtudes ciudadanas, Alejandra Díaz de los retos educativos en México y Latinoamérica, Guillermo Hinojosa de la flexibilidad, la tecnología y la descentralización educativa, Benjamín Ortiz de la educación para una sociedad sustentable, Lourdes Pérez Oseguera de la perspectiva de género, Laura Rodríguez de la educación para una sociedad más justa, Isabel Royo de categorías antropológicas para la educación, Javier Sánchez Díaz de Rivera del papel social de la universidad y quien esto escribe, de pensar la educación como un proceso complejo de humanización.

Como puede apreciarse, se trata de un rico mosaico de propuestas para la reflexión podrían parecer sin relación entre sí, pero que responden a un hilo conductor que tiene que ver con lo que planteaba Latapí en la conferencia citada y con la respuesta a su pregunta desde la idea de Xabier Gorostiaga, asumida por la Ibero y varias universidades jesuitas como visión, de que la educación es la profesión de la esperanza.

En efecto, la mirada común de todos estos autores en sus artículos, la perspectiva que orienta los contenidos y la idea misma del “círculo de escritores”, es la convicción de que la educación puede y debe asumir un papel fundamental de organización de la esperanza en estos tiempos de desesperanza desde la apuesta de que es posible construir un México mejor y un mundo mejor y las aulas son espacios privilegiados, si no se pierde el tiempo en ellas, para formar a los actores del cambio cada vez más urgente.

Se trata de una tarea difícil pero como afirma Morin[i]: “La misión es cada vez más imposible, pero la dimisión resulta todavía más imposible.”

[i]Morin, E. (1981). El Método I. La naturaleza de la Naturaleza. Madrid. Ediciones Cátedra.

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala y académico numerario en la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha hecho dos estancias postdoctorales por invitación del Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado diecisiete libros, cuarenta artículos y seis capítulos de libros. Actualmente es coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores (REDUVAL), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación (ALFE) y de la International Network of Philosophers of Education (INPE). Trabaja en las líneas de Filosofía humanista y Educación, Ética profesional y Pensamiento complejo y Educación. Ha trabajado como formador de docentes en diversos programas y universidades desde 1993.

UN COMENTARIO

  1. Creo como Martín que podemos aportar algo desde la educación, pero solo si adoptamos una postura crítica ante lo que sucede, si reconocemos como sociedad lo que aportamos para acercarnos al borde del precipicio. Si ignoramos, simulamos y no reconocemos nuestros errores para con base en ella proponer estrategias de cambio no cambiaremos el rumbo.

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